Pescador nublado
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ha pasado mucho tiempo desde que no existo,
desde que corro detrás de mi aliento,
desde que derrumbé mi último cimiento.
Mañana me alcanzará todo lo que había visto.
Pero hoy le entregué mi cuerpo al mar.
desde que corro detrás de mi aliento,
desde que derrumbé mi último cimiento.
Mañana me alcanzará todo lo que había visto.
Pero hoy le entregué mi cuerpo al mar.
Eso que nos espera arriba está nublado
y contiene los cantos de aquellos que se fueron,
que separa la voluntad de los que ya murieron.
Mañana sabré lo que significa pasado.
Pero hoy le entregué mi tacto al mar.
y contiene los cantos de aquellos que se fueron,
que separa la voluntad de los que ya murieron.
Mañana sabré lo que significa pasado.
Pero hoy le entregué mi tacto al mar.
Aquí ya nadie alza sus voces;
en el lugar donde el tiempo niega su espacio,
en el sitio donde el viento quiere avanzar despacio.
Allá ya nadie responde por sus nombres.
Pero hoy le entregué mi grito al mar.
en el lugar donde el tiempo niega su espacio,
en el sitio donde el viento quiere avanzar despacio.
Allá ya nadie responde por sus nombres.
Pero hoy le entregué mi grito al mar.
Y tal vez con el tiempo todo sea como antes.
Le apostaré mi fe a dios,
y mi esperanza a mi voz.
Y sabremos que siempre fuimos errantes.
Pero hoy le entregué mi deseo al mar.
Le apostaré mi fe a dios,
y mi esperanza a mi voz.
Y sabremos que siempre fuimos errantes.
Pero hoy le entregué mi deseo al mar.
Trazaremos líneas en el aire para después quemarlas,
escribiremos todo aquello que sabemos
para descubrir que somos simples blasfemos.
Abandonaremos nuestras casas para después buscarlas.
Pero hoy le entregué mi voluntad al mar.
Le apostaré mi tiempo a la soledad,
mis sentidos a la muerte,
mi destino a la suerte.
Le apostaré mi fortaleza a la gravedad.
Pero hoy le entregué mi todo al mar.
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