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Poeta que no puede vivir sin el portal
¡Señoría, Juez, señor!
¡Deme una batalla!
Que anhelo la metralla
volando en derredor
no sirvo para lo civil
ni para callejoneadas
se me atragantan las hadas
entre lo manso y servil
mi cuero se hizo para el fuego
acostumbrado a las zarzas
no para sedas y chanzas
que viven sosas para el luego.
¡Señoría, Juez, señor!
No me invites hacia el ruego
que mi vida ya es un juego
por culpa del amor.
¡La amo!... ¿Está bien?
Ya no puedo negarlo
este amor para entregarlo
no basta un día ni cien...
Me vuelve loco la condenada
y para no perecer
o por ella enloquecer
te pido me mandes a la cañada.
¡Señoría, Juez, señor!
Tal vez, ella por mi no sienta nada
mi alma tiene cautiva y encerrada
mejor huir que no recibir su favor.
¡Deme una batalla!
Que anhelo la metralla
volando en derredor
no sirvo para lo civil
ni para callejoneadas
se me atragantan las hadas
entre lo manso y servil
mi cuero se hizo para el fuego
acostumbrado a las zarzas
no para sedas y chanzas
que viven sosas para el luego.
¡Señoría, Juez, señor!
No me invites hacia el ruego
que mi vida ya es un juego
por culpa del amor.
¡La amo!... ¿Está bien?
Ya no puedo negarlo
este amor para entregarlo
no basta un día ni cien...
Me vuelve loco la condenada
y para no perecer
o por ella enloquecer
te pido me mandes a la cañada.
¡Señoría, Juez, señor!
Tal vez, ella por mi no sienta nada
mi alma tiene cautiva y encerrada
mejor huir que no recibir su favor.
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