Los besos enmudecieron
en nuestras bocas suaves
y ávidas de miel,
nuestras pieles empalidecieron
con los roces vacíos
que se dieron
en el tiempo ausente.
Nuestras almas
mutuas
exactas,
separadas
dañaron su esencia.
Ambos corazones
sucumbieron
deteniendo sus relojes
aquel momento
en que supieron
que se amaban.
en nuestras bocas suaves
y ávidas de miel,
nuestras pieles empalidecieron
con los roces vacíos
que se dieron
en el tiempo ausente.
Nuestras almas
mutuas
exactas,
separadas
dañaron su esencia.
Ambos corazones
sucumbieron
deteniendo sus relojes
aquel momento
en que supieron
que se amaban.
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