Wilson Stalin
Poeta recién llegado
Lentamente deslizaste tu brazo y te despediste de la tierra
en la cual por primera vez engendraste tu aliento.
Cegaste tus ojos y con una triste lágrima enjugaste un dolor
profundo en mi alma que me turbo la tranquilidad.
Así te vi pálida, distraída del mundo para siempre
con el semblante desteñido y el cuerpo como
un tempano de hielo que oscurecería y desvanecería
su esencia, como gota de roció.
Así es como el tiempo sella tu historia y la mía con un infinito
silencio que se extasía recónditamente en mí.
No quiero llorar ni siquiera quiero mirar el sol
solo quiero acariciarte por última vez en el céfiro de mi alma.
No quiero estar triste, después de todo
de ti aun me queda la parte más importante. Tu amor.
Que duerme en mi pecho encendido eternamente
y jamás apagara su fulgor en los rincones de mi alma.
Añoro de ti desde que te conocí la dulce suavidad
con la que reías espontáneamente, o la manera sutil
con la que enviabas tu mirada al sentir mí
alma desfallecida, atragantada con el dolor;
recuerdo que solías estrecharme entre tus brazos
y yo me enredaba en ellos cubriéndome de tu calor,
de ese modo me hacías marchitar las penas y trasponer
una sonrisa en mi rostro desteñido.
¿Y ahora quien calmara mi dolor, quien al mirarme
desfallecido llorara con mis lagrimas y me socorrerá,
me invitara a disfrutar de una vida placida y diferente
susurrando en mis oídos palabras de aliento y de consuelo?
Por eso. No te vayas y habita mi corazón, refúgiate en el
para poderte sentir y desahogar los mas infinitos deseos
que siente un hijo al calor de su madre.
en la cual por primera vez engendraste tu aliento.
Cegaste tus ojos y con una triste lágrima enjugaste un dolor
profundo en mi alma que me turbo la tranquilidad.
Así te vi pálida, distraída del mundo para siempre
con el semblante desteñido y el cuerpo como
un tempano de hielo que oscurecería y desvanecería
su esencia, como gota de roció.
Así es como el tiempo sella tu historia y la mía con un infinito
silencio que se extasía recónditamente en mí.
No quiero llorar ni siquiera quiero mirar el sol
solo quiero acariciarte por última vez en el céfiro de mi alma.
No quiero estar triste, después de todo
de ti aun me queda la parte más importante. Tu amor.
Que duerme en mi pecho encendido eternamente
y jamás apagara su fulgor en los rincones de mi alma.
Añoro de ti desde que te conocí la dulce suavidad
con la que reías espontáneamente, o la manera sutil
con la que enviabas tu mirada al sentir mí
alma desfallecida, atragantada con el dolor;
recuerdo que solías estrecharme entre tus brazos
y yo me enredaba en ellos cubriéndome de tu calor,
de ese modo me hacías marchitar las penas y trasponer
una sonrisa en mi rostro desteñido.
¿Y ahora quien calmara mi dolor, quien al mirarme
desfallecido llorara con mis lagrimas y me socorrerá,
me invitara a disfrutar de una vida placida y diferente
susurrando en mis oídos palabras de aliento y de consuelo?
Por eso. No te vayas y habita mi corazón, refúgiate en el
para poderte sentir y desahogar los mas infinitos deseos
que siente un hijo al calor de su madre.