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Epidemia de dos cuerpos

Carbeck

Poeta recién llegado
Quiero beber tus sienes una vez más hasta estar ahogado,
acribillar cada espacio del tembloroso segundo que se desliza
suavemente entre tu espalda.
¡Salud a tu vida pura!, regocijada con la experiencia suave
de mi mano temblorosa que desemboca en la imaginación
del arco ceñido de tu alma.

Nuestras alas cubiertas con el halo natural de vuestra piel
y hemos disminuido al silencio en un solo trago de infinito
desbordamiento de deseo.
Pliegues, fragancias mezcladas, enlazadas entre si
disueltas en un dulce licor embriagante, del cual bebemos
sin desmayar el aliento.

Vuestra cama dispuesta a ser la tumba secreta
del interno movimiento de un sutil abrazo
deslizado entre nuestros senos.
Parados, recostados, ambos sentimos la benigna noche,
la dulce hiel sobándonos, nuestros labios mordiendo
esta hambre de días.

Yo miro de soslayo tu alcoholizante deseo y con esa
motivación desmorono cada espacio de tu piel
erguida entre la mía.
Los átomos del aire se fusionan igual que vuestra
anatomía, junto a la polvosa ventana y al tan
cadencioso silencio.

Sujeta a mi brazo sin desmayar un solo segundo
de tu amor, me muestras cada parte de tu palacio
en cuyo lugar el sol aun no ardió.
Sin remordimiento alguno nos miramos al rostro
y volvemos a besarnos a sentirnos a acariciarnos
en nuestra desnudez perfecta.

De repente termina el impacto, y callada me miras y repites
-Mirad allí, el sol entre las nubes desliándose,
Intentando sellar vuestra historia- respondo titubeante ¡el sol!
-¿Por qué aun sigo vivo?-
 
Quiero beber tus sienes una vez más hasta estar ahogado,
acribillar cada espacio del tembloroso segundo que se desliza
suavemente entre tu espalda.
¡Salud a tu vida pura!, regocijada con la experiencia suave
de mi mano temblorosa que desemboca en la imaginación
del arco ceñido de tu alma.

Nuestras alas cubiertas con el halo natural de vuestra piel
y hemos disminuido al silencio en un solo trago de infinito
desbordamiento de deseo.
Pliegues, fragancias mezcladas, enlazadas entre si
disueltas en un dulce licor embriagante, del cual bebemos
sin desmayar el aliento.

Vuestra cama dispuesta a ser la tumba secreta
del interno movimiento de un sutil abrazo
deslizado entre nuestros senos.
Parados, recostados, ambos sentimos la benigna noche,
la dulce hiel sobándonos, nuestros labios mordiendo
esta hambre de días.

Yo miro de soslayo tu alcoholizante deseo y con esa
motivación desmorono cada espacio de tu piel
erguida entre la mía.
Los átomos del aire se fusionan igual que vuestra
anatomía, junto a la polvosa ventana y al tan
cadencioso silencio.

Sujeta a mi brazo sin desmayar un solo segundo
de tu amor, me muestras cada parte de tu palacio
en cuyo lugar el sol aun no ardió.
Sin remordimiento alguno nos miramos al rostro
y volvemos a besarnos a sentirnos a acariciarnos
en nuestra desnudez perfecta.

De repente termina el impacto, y callada me miras y repites
-Mirad allí, el sol entre las nubes desliándose,
Intentando sellar vuestra historia- respondo titubeante ¡el sol!
-¿Por qué aun sigo vivo?-

Buena pregunta esta que cierra espectacularmente el poema. me gusto mucho su trazo sin ataduras. Felicitaciones.
 

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