sdontleo
Poeta fiel al portal
Yo:
“Ven, acompaña a este pie aventurero,
quiero saber que esconde lo usurero del camino;
y seguir el tono de los cinco regaderos blancos,
que buscando van el lecho de los cuatro vientos
que han seguido a aquella voz sonora…”
Amigo:
“¿Cruzarás aquel camino?,
yo no encuentro nada nuevo en su reflejo;
permanezco en mi razón…”
Yo:
“¡Tú no encuentras nada nuevo en realidad!,
mas yo vi por ahí cruzar varios quetzales;
y escuché una voz semejante a la de Diana,
-tan dulce y protectora de las flores-
que hablaba sobre sus labios encantados,
y de los faroles que enciende de improviso
cuando posa sus delicados pies de arena blanca
entre la hercúlea estancia de mi pecho.”
Amigo:
“¡Escúchate hablar, mi amigo!,
yo no encuentro nada nuevo
entre la orbe de tus pensamientos;
permanezco en mi razón…”
Yo:
“¡Permanece hasta en tu tumba,
si es que quieres…!
Y si vivir quieres, ven conmigo,
acompaña el tiempo, que el sol yace en el oeste,
y la cuenta de un violín me da la vida.
Ven conmigo, que hoy emanan de las cosas
que ella toca, un clavel y una sonrisa...
Sus ojos son como de encanto,
como de niña de lo santo y lo sencillo,
y las aguas hoy recurren a sus pies benditos
para beber su sombra…
… y mi voz,
mi voz busca sus labios,
para escuchar su cuerpo.”
Amigo:
“(Risas)
Iluso, ve y describe con verdad
este día, pues no lo olvidaré jamás:
¨El día en el que Sancho fue Quijote,
y Quijote tal que Sancho pronunció.¨
(Risas)
Vuelve luego, para escuchar aquel sonar
de entre tus huellas, quizás con sus baladas
pueda yo lactar tu don…”
Yo:
“Está bien, pero no volveré;
y tú que me profieres como iluso andante,
¡Quédate!, y concebirás de tus usanzas
un libro en blanco y negro
en el cual no habrá amor…
Mientras yo, yo seguiré aquel camino,
para escuchar y hablar con la mañana,
apacentar sus hálitos, y sosegarme entre sus piernas.
Para cuidar sus horas, sus caricias soñadoras;
su viento hecho toda una voz,
y su voz hecha un turpial;
que su silencio tierno es tan deseado,
y su deseo es mi voz…”
Amigo:
(Volviendo en sí)
“Espérame, he de alcanzarte yo,
no deseo propugnar el libro gris,
dejadme tú soñar tus sueños,
¡En dónde estás… responde!”
Yo:
(Alejándome y enunciando sólo en el interno de mi iluso corazón)
“Y pensar que el buen camino
es como el viento excéntrico,
seguir y seguir, sólo para encontrar su asiento,
golpear y golpear mi beso
entre las alas de este cruel silencio,
y no hallar remedio de evaporación
ante este paso de amor a soledad,
de soledad a búsqueda,
de búsqueda a encuentro,
de encuentro a recomienzo,
y de recomienzo a nuevo amor...
… ¿Y quién no dijo esto alguna vez?:
´Vayamos por aquel lugar,
porque por aquel lugar iba ella`…”
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