De la ciudad cuna de bandera
entre María y Manuela
varaste en el pueblo cansino
por tus ojos daban oro macizo,
los niños soñaban inquietos
besarte en la boca por la San Martín.
En la ciudad de las luces
culpamos al tiempo perdido
la noche que hicimos las paces
con el ahora y el antes,
en el banco de una plaza mezquina
una madrugada sin saber que decir.
Para que contar de la tele
apagada enfrente del morbo,
la cita torpe del viernes
duró mil besos y tres días,
el domingo de mate, risas y de polvos,
tuvo su final feliz.
En los meses siguientes el sobre
el no sé, el no me importa,
si supiera predecir el futuro
me embarco igual en la historia,
insensato sería ahorrarme el ahora
para entonces volver un tiempo después.
Con mi mentón hacia arriba en tu reino
imploraste una tregua en el juego
para poder concentrarte,
con las vista posada en la llave
oí las malditas palabras en tu calle
que nunca quise escuchar
Mujer de largos insomnios,
risa de diamante y platino,
te escribo estos versos indiscretos
esta madrugada sin crédito
sin querer queriendo encontrarme
con tu indiferencia como la última vez.
Entre María y Manuela
yo sé que al fondo del río
tiró el secreto conmigo
para ocultarlo del chisme
junto a una carta invisible
que pensó alguna vez…
Entre María y Manuela, Marianela,
una estrella dibujada en el plano
cuya luz maquiavélica
despierta mis noches en poemas,
me invita a jugarme las cartas
aunque las apuestas las pierda
como treinta a tres.
http://parafraseandoincongruencias.blogspot.com/
entre María y Manuela
varaste en el pueblo cansino
por tus ojos daban oro macizo,
los niños soñaban inquietos
besarte en la boca por la San Martín.
En la ciudad de las luces
culpamos al tiempo perdido
la noche que hicimos las paces
con el ahora y el antes,
en el banco de una plaza mezquina
una madrugada sin saber que decir.
Para que contar de la tele
apagada enfrente del morbo,
la cita torpe del viernes
duró mil besos y tres días,
el domingo de mate, risas y de polvos,
tuvo su final feliz.
En los meses siguientes el sobre
el no sé, el no me importa,
si supiera predecir el futuro
me embarco igual en la historia,
insensato sería ahorrarme el ahora
para entonces volver un tiempo después.
Con mi mentón hacia arriba en tu reino
imploraste una tregua en el juego
para poder concentrarte,
con las vista posada en la llave
oí las malditas palabras en tu calle
que nunca quise escuchar
Mujer de largos insomnios,
risa de diamante y platino,
te escribo estos versos indiscretos
esta madrugada sin crédito
sin querer queriendo encontrarme
con tu indiferencia como la última vez.
Entre María y Manuela
yo sé que al fondo del río
tiró el secreto conmigo
para ocultarlo del chisme
junto a una carta invisible
que pensó alguna vez…
Entre María y Manuela, Marianela,
una estrella dibujada en el plano
cuya luz maquiavélica
despierta mis noches en poemas,
me invita a jugarme las cartas
aunque las apuestas las pierda
como treinta a tres.
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