Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Han cubierto a mi cuerpo
en la vida muchas pieles;
erectas vanidades,
promesas embozadas de mentiras,
yemas disolutas escondidas tras sus dedos
con las uñas largas lacerantes;
ladronas unas, otras, pésimas amantes,
pasaste tú coronado príncipe
con rulos de hilo de oro;
tu miel precoz color esperma,
tu ansiedad de masticar la carne,
tus suspiros aleteantes
con las alas que en tu espalda no existían
y a las que colgué demente como aretes
eso que le llaman esperanza.
Han pasado por mi cuerpo
acariciantes pieles –para qué negarlo-
y en mi piel siempre hubo
un lugar para una muesca,
una cicatriz,
el recuerdo de un lunar lucero,
si embargo tu saliva hirviente como lava
las lavó de los recuerdos,
que desgracia,
que pequeño,
que ironía,
que hiriente;
no me quedas,
no te ajustas a mi vida, ni a mí, vida,
no me quedas,
no me quedas nada.
22.5.10 regresando a escribir mi pseudos poesía
.
en la vida muchas pieles;
erectas vanidades,
promesas embozadas de mentiras,
yemas disolutas escondidas tras sus dedos
con las uñas largas lacerantes;
ladronas unas, otras, pésimas amantes,
pasaste tú coronado príncipe
con rulos de hilo de oro;
tu miel precoz color esperma,
tu ansiedad de masticar la carne,
tus suspiros aleteantes
con las alas que en tu espalda no existían
y a las que colgué demente como aretes
eso que le llaman esperanza.
Han pasado por mi cuerpo
acariciantes pieles –para qué negarlo-
y en mi piel siempre hubo
un lugar para una muesca,
una cicatriz,
el recuerdo de un lunar lucero,
si embargo tu saliva hirviente como lava
las lavó de los recuerdos,
que desgracia,
que pequeño,
que ironía,
que hiriente;
no me quedas,
no te ajustas a mi vida, ni a mí, vida,
no me quedas,
no me quedas nada.
22.5.10 regresando a escribir mi pseudos poesía
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