tomaldo
Poeta adicto al portal
Rendido en mí lecho,
inmóvil y mudo,
me hundo en la miseria de la noche más larga.
Mi mirada se pierde en un cielo de yeso
buscando absurdamente alguna estrella,
alguna luna llena o media
que me diga que esta noche,
¡ esta maldita noche!,
como cualquier otra,
terminará por marcharse.
Pero todo es tan oscuro,
y tan severo el silencio
en esta perpetua sombra,
en esta sentida muerte,
en esta vida sin ti.
Escucho mi corazón.
Cada latido es un flash con tu rostro,
un recuerdo vivo de tus gestos,
un latigazo en un alma esta,
en un cuerpo este
más muerto que vivo.
Miro a mi alrededor lo poco que puedo ver,
te busco a través de una cascada de lágrimas,
y en mi infinita soledad
me agarro a cada segundo,
a cada fugaz milésima
que pudiera sacarme de este infierno.
Mas el tren del olvido no pasa
y yo, postrado ante la nada
sigo llorando las lágrimas más amargas,
aquí, en la noche más larga
desde que te fuiste.
inmóvil y mudo,
me hundo en la miseria de la noche más larga.
Mi mirada se pierde en un cielo de yeso
buscando absurdamente alguna estrella,
alguna luna llena o media
que me diga que esta noche,
¡ esta maldita noche!,
como cualquier otra,
terminará por marcharse.
Pero todo es tan oscuro,
y tan severo el silencio
en esta perpetua sombra,
en esta sentida muerte,
en esta vida sin ti.
Escucho mi corazón.
Cada latido es un flash con tu rostro,
un recuerdo vivo de tus gestos,
un latigazo en un alma esta,
en un cuerpo este
más muerto que vivo.
Miro a mi alrededor lo poco que puedo ver,
te busco a través de una cascada de lágrimas,
y en mi infinita soledad
me agarro a cada segundo,
a cada fugaz milésima
que pudiera sacarme de este infierno.
Mas el tren del olvido no pasa
y yo, postrado ante la nada
sigo llorando las lágrimas más amargas,
aquí, en la noche más larga
desde que te fuiste.