Jeison
Poeta fiel al portal
1. Mi voz, también es tu voz
Luna tácita, luna abominable.
Yo te miro, llego a tu morada a través de las yuntas,
ojos de benignidad; mírame, mírame,
mírame luna, doncella que está y no está,
observa este rostro tuyo que no es tuyo, ni mío.
Calabazas de un octubre que se abren
vomitando los disfraces de la humanidad temerosa:
La mujer de la esquina quiere ser hombre,
el hombre de la tienda, añora liberarse
y se encierra, se turba en su dominio
cabellado por las raíces de la usura cultural.
Este germen que no contamina, pero mata,
consume gestoS de la elipsis.
Engéndrame primero, no quiero estar solo.
¿Escuchas esa voz distante y tan distante, muerta y tan muerta,
perdida por el eco de su voz que es el mismo que escucho?
«Yo sí. Todo el tiempo. Me grita»
.................Tic Tac
..............................Tic Tac
...........................................Tic Tac
Afuera también podemos hacerlo: Yo lo hago todo el tiempo,
debemos esperar a que se vayan, debemos
reñir a par las constelaciones inmaculadas, los sorbos
que beberemos dormidos, simulando muerte. Y alguna vez,
despiertos, mientras maldigan nuestros ojos
las extremas condolencias del amor, entregar la boca
bajo lo obsceno, en medio la verdad y la ignorancia,
para que ellos, los que están adentro, puedan evadirlo.
2. Tu voz, no es mi voz
No están. Los que nunca están, ahora no están.
Sí... «¿te das cuenta lo que podemos hacer, verdad?»
Es fácil, introducirse, adentrarse, ahondarse,
recorrer las cuevas engendrando noches, tinieblas
para este soplo que preña luces, para aquellos otros
que van sobre el misterio, arriba, abajo, a un lado, al otro.
Pero… Yo me pregunto, “¿también será fácil evadirlo?”
escapar de la garra que tiene la beligerancia,
mientras forrados, aquellos, los hermanos,
buscan en nuestro aliento, el soplo terminado.
3. Nuestras voces mueren
Ay mi voz, ay mi alma, ay mi cuerpo en la zozobra
y la altura amenazando con lanzarse, ay mis piernas,
la mirada de los huérfanos y mis dientes masticando nostalgia,
ay el lugar, algún lugar para los muertos.
Y la insistencia, el miedo, la in-sustancia.
La bóveda en el pecho persiguiendo los aromas,
las citas en féretros y el estiércol masticando el vómito;
«me dijo» en cualquier momento dejarían su logro,
pero debemos tener cuidado, «debemos»
Lo sé, mucho, muchísimo cuidado: «debemos»
porque no es tarde, pero tampoco es temprano,
es simplemente la hora que llega
y deja de ser hora.
Jeison Villalba ©
Luna tácita, luna abominable.
Yo te miro, llego a tu morada a través de las yuntas,
ojos de benignidad; mírame, mírame,
mírame luna, doncella que está y no está,
observa este rostro tuyo que no es tuyo, ni mío.
Calabazas de un octubre que se abren
vomitando los disfraces de la humanidad temerosa:
La mujer de la esquina quiere ser hombre,
el hombre de la tienda, añora liberarse
y se encierra, se turba en su dominio
cabellado por las raíces de la usura cultural.
Este germen que no contamina, pero mata,
consume gestoS de la elipsis.
Engéndrame primero, no quiero estar solo.
¿Escuchas esa voz distante y tan distante, muerta y tan muerta,
perdida por el eco de su voz que es el mismo que escucho?
«Yo sí. Todo el tiempo. Me grita»
.................Tic Tac
..............................Tic Tac
...........................................Tic Tac
Afuera también podemos hacerlo: Yo lo hago todo el tiempo,
debemos esperar a que se vayan, debemos
reñir a par las constelaciones inmaculadas, los sorbos
que beberemos dormidos, simulando muerte. Y alguna vez,
despiertos, mientras maldigan nuestros ojos
las extremas condolencias del amor, entregar la boca
bajo lo obsceno, en medio la verdad y la ignorancia,
para que ellos, los que están adentro, puedan evadirlo.
2. Tu voz, no es mi voz
No están. Los que nunca están, ahora no están.
Sí... «¿te das cuenta lo que podemos hacer, verdad?»
Es fácil, introducirse, adentrarse, ahondarse,
recorrer las cuevas engendrando noches, tinieblas
para este soplo que preña luces, para aquellos otros
que van sobre el misterio, arriba, abajo, a un lado, al otro.
Pero… Yo me pregunto, “¿también será fácil evadirlo?”
escapar de la garra que tiene la beligerancia,
mientras forrados, aquellos, los hermanos,
buscan en nuestro aliento, el soplo terminado.
3. Nuestras voces mueren
Ay mi voz, ay mi alma, ay mi cuerpo en la zozobra
y la altura amenazando con lanzarse, ay mis piernas,
la mirada de los huérfanos y mis dientes masticando nostalgia,
ay el lugar, algún lugar para los muertos.
Y la insistencia, el miedo, la in-sustancia.
La bóveda en el pecho persiguiendo los aromas,
las citas en féretros y el estiércol masticando el vómito;
«me dijo» en cualquier momento dejarían su logro,
pero debemos tener cuidado, «debemos»
Lo sé, mucho, muchísimo cuidado: «debemos»
porque no es tarde, pero tampoco es temprano,
es simplemente la hora que llega
y deja de ser hora.
Jeison Villalba ©
Última edición: