Rigel Amenofis
Poeta que considera el portal su segunda casa
“Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar.
Va cargado de amargura,
va, vencido, el caballero de retorno a su lugar.”
León Felipe
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar.
Va cargado de amargura,
va, vencido, el caballero de retorno a su lugar.”
León Felipe
Tiempo ha que se rompió el vínculo prístino
entre los visionarios iluminados
y los místicos anj y pez de los templos.
Ya ni siquiera se percibe el bisbiseo
inaudito de la piedad y la esperanza,
acallado por el estrépito logarítmico de la jerigonza procaz
que hoy se ha propalado a la tesitura infantil.
Se ha perdido en la era sin sueños ese sacralizado lugar
donde se confundían las utopías y las orquídeas,
y la música era una aspiración que dimanaba desde el futuro.
Encontramos que la noche carece de sentido,
impura como la ha dejado el color del hedonismo.
El día tan solo exhibe nuestro grotesco caminar:
Don Quijote no cabalga más, no tiene razón su batallar.
Llueven lágrimas de todos los dolores.
Lamentos de la fe emergen del bosque eterno.
Danzan fantasmas de sueños infinitos.
Caen las hojas bronceadas del tiempo
en el Nilo sagrado de los cielos donde se bañan las estrellas,
y que antes depositaba su limo en el alma de la humanidad.
¿Quién pudiera leer la órfica escritura que llevan cifrada?
Ya no existe la alondra que cantó
las leyendas de este río, a las rosas,
a los héroes legendarios;
la sangre tiñe la constelación del ave divina,
el aura lúcida se ausentó de su cuerpo;
la templanza se distorsionó en humo sin fuego,
el diapasón ya no vibra con los sonidos de los anhelos;
fugitiva de la nada,
su canto prisionero está en una jaula
custodiado por alienados felices.
Ha dejado latente en su fantasía
el presagio palpable y sereno,
que acaecerán días pertinentes
para la fragancia celeste de los girasoles.
20 Enero 2010
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