El morador de la noche
Poeta recién llegado
El olor añejo de tus caricias,
envuelta en los rostros olvidados.
El aroma de dulzura en tus cartas,
escrita con tinta de versos adornados.
Eres la eterna muerte,
vestida de rosas, hermosas y dolorosas.
Eres reina de la noche inerte,
acurrucada en el lecho de frases mentirosas.
Te conviertes en la sutil caricia seductora,
llamándote así, como una pequeña Julieta.
Te conviertes en la imágen más encantadora,
una vampira, peligrosa e inquieta.
Porque desde el día que me mordiste,
intoxicaste perpetuamente mi sangre.
Porque desde el día que me abrazaste,
me cubriste de miel, en ocasiones sabor a vinagre.
Me despiertas el placer de besarte,
y despiertas en mis manos el temor.
Cada tarde en que te miro inclinarte
cerca de mi oído sin decirme, amor.
envuelta en los rostros olvidados.
El aroma de dulzura en tus cartas,
escrita con tinta de versos adornados.
Eres la eterna muerte,
vestida de rosas, hermosas y dolorosas.
Eres reina de la noche inerte,
acurrucada en el lecho de frases mentirosas.
Te conviertes en la sutil caricia seductora,
llamándote así, como una pequeña Julieta.
Te conviertes en la imágen más encantadora,
una vampira, peligrosa e inquieta.
Porque desde el día que me mordiste,
intoxicaste perpetuamente mi sangre.
Porque desde el día que me abrazaste,
me cubriste de miel, en ocasiones sabor a vinagre.
Me despiertas el placer de besarte,
y despiertas en mis manos el temor.
Cada tarde en que te miro inclinarte
cerca de mi oído sin decirme, amor.
Armando Madrid Arce