Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Asesinato en Can Mayor
Di mil vueltas al mundo,
y no era nada.
Era un pañuelo desde el balcón,
eran semillas en la calzada;
eran colillas por escaleras,
era lo guarro de algún sol;
eran los poros llenos de ojeras,
eran algunos con sus cagadas.
Eran los modos en sus moradas,
como gusanos que en sus maneras,
comen las hojas, fabrican seda,
dejando agujeros que son rodadas;
lo más oscuro de las moreras,
lo más peludo de las cegueras
que ya comido el mundo viera…
Y no era nada.
Apareció un señor con gabán
en el hangar contiguo;
saltó una pulga desde el chaflán
hacia el solar exiguo;
quedó el menú por degustar,
y se pudrió melifluo.
Una lámpara y dos libros,
un teléfono inalámbrico,
una radio y un mechero,
un candelabro judío,
y un despertador
junto al joyero.
Son la una y no hay tabaco,
un incendio y prende el fuego.
¡Qué dolor! Que me quemo,
y venga el humo. ¿Qué me abrasa?
¿Qué me fumo y qué me deja sin el sueño?,
que despierto, ya ni sumo,
y sólo resto soy vapor.
Subí al tercero,
y maté a la abuela,
al abuelo;
a la madre y al niño,
y también al perro.
Me sentí apenado
por el can.
Llegó el silencio en unos gritos
que no están,
y escuché el gran motivo,
de los locos al ladrar.
y no era nada.
Era un pañuelo desde el balcón,
eran semillas en la calzada;
eran colillas por escaleras,
era lo guarro de algún sol;
eran los poros llenos de ojeras,
eran algunos con sus cagadas.
Eran los modos en sus moradas,
como gusanos que en sus maneras,
comen las hojas, fabrican seda,
dejando agujeros que son rodadas;
lo más oscuro de las moreras,
lo más peludo de las cegueras
que ya comido el mundo viera…
Y no era nada.
Apareció un señor con gabán
en el hangar contiguo;
saltó una pulga desde el chaflán
hacia el solar exiguo;
quedó el menú por degustar,
y se pudrió melifluo.
Una lámpara y dos libros,
un teléfono inalámbrico,
una radio y un mechero,
un candelabro judío,
y un despertador
junto al joyero.
Son la una y no hay tabaco,
un incendio y prende el fuego.
¡Qué dolor! Que me quemo,
y venga el humo. ¿Qué me abrasa?
¿Qué me fumo y qué me deja sin el sueño?,
que despierto, ya ni sumo,
y sólo resto soy vapor.
Subí al tercero,
y maté a la abuela,
al abuelo;
a la madre y al niño,
y también al perro.
Me sentí apenado
por el can.
Llegó el silencio en unos gritos
que no están,
y escuché el gran motivo,
de los locos al ladrar.
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