carmela
Poeta asiduo al portal
Recuerdo que el verano era fuego:
el sol, el asfalto, mi piel
y mis más recónditos pliegues.
el sol, el asfalto, mi piel
y mis más recónditos pliegues.
Tras la equívoca laxitud aparente
dormitaba alerta la loba
acunada en el más explosivo de los lechos.
dormitaba alerta la loba
acunada en el más explosivo de los lechos.
Excelso ímpetu que siembra y recolecta vida.
¿En qué otoño se extinguió?
¿Qué invierno olvidó cumplir
sus tareas de barbecho?
sus tareas de barbecho?
¿Qué enfermedad aquejó a la primavera
impidiéndole asistir al renacimiento del alma?
impidiéndole asistir al renacimiento del alma?
Tal vez, el otoño se excedió en los grises,
o el invierno desfalleció abrumado por la costumbre.
o el invierno desfalleció abrumado por la costumbre.
¿Quién sabe si es que la primavera
ya no pudo soportar ni una mentira más?
ya no pudo soportar ni una mentira más?
En este verano recién nacido
el sol es abrasador y el asfalto desprende llamas,
pero de la loba, de su fulminante guarida y de la vida
sólo me queda una apagada reminiscencia.
el sol es abrasador y el asfalto desprende llamas,
pero de la loba, de su fulminante guarida y de la vida
sólo me queda una apagada reminiscencia.