guillermo santillana marq
Poeta fiel al portal
Llegó en un atardecer hasta mi mesa,
cansada de acechar,
cansada de su festín de nostalgias,
ansiosa de poblar mi vida con sus horizontes,
con su mar abierto,
llegó a dejar en mis labios un nombre nuevo para pronunciar,
¡su nombre!.
Se ha vuelto la espuma de mi río,
la llanura de mi verano,
la sombra que sostiene mi sombra.
¡Cómo me gusta jugar con el mundo bajo su falda!
¡y bajar estrellas y adherirlas a sus pechos!,
¡cómo me gusta contemplar sus curvas de luna cuando galopan con el amanecer!
y sentir como se invierte su rigurosa simetría en solapado espasmo,
sentir esa pequeña muerte jubilosa,
ese rumor ancestral que devora mi respiro,
sentir como su flor oscura desemboca en el delta de mi mano,
ese maldecir desatado,esa perduración exhaltada del éxtasis
Esa tarde,
ella llegó ansiosa de respuestas pero,
antes había que deshojar los recuerdos,
hilvanar un nuevo lenguaje,
reconocernos, palparnos, urdir un encanto que fuera indeleble.
¡cuantos tropiezos!
¡cuantos insomnios!
¡solo maquinaciones del destino!
y heme aquí esperandola,
mientras acomodo mis ojos al dolor de la mañana
y poder pulsar el gozo de las horas aprendidas.
junio 30/2010
cansada de acechar,
cansada de su festín de nostalgias,
ansiosa de poblar mi vida con sus horizontes,
con su mar abierto,
llegó a dejar en mis labios un nombre nuevo para pronunciar,
¡su nombre!.
Se ha vuelto la espuma de mi río,
la llanura de mi verano,
la sombra que sostiene mi sombra.
¡Cómo me gusta jugar con el mundo bajo su falda!
¡y bajar estrellas y adherirlas a sus pechos!,
¡cómo me gusta contemplar sus curvas de luna cuando galopan con el amanecer!
y sentir como se invierte su rigurosa simetría en solapado espasmo,
sentir esa pequeña muerte jubilosa,
ese rumor ancestral que devora mi respiro,
sentir como su flor oscura desemboca en el delta de mi mano,
ese maldecir desatado,esa perduración exhaltada del éxtasis
Esa tarde,
ella llegó ansiosa de respuestas pero,
antes había que deshojar los recuerdos,
hilvanar un nuevo lenguaje,
reconocernos, palparnos, urdir un encanto que fuera indeleble.
¡cuantos tropiezos!
¡cuantos insomnios!
¡solo maquinaciones del destino!
y heme aquí esperandola,
mientras acomodo mis ojos al dolor de la mañana
y poder pulsar el gozo de las horas aprendidas.
junio 30/2010
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