josepanton
Poeta recién llegado
A veces me detengo a mirar tus manos:
redonditas, blancas, parientas de una nube,
y en ellas navegan lentamente las mías,
como la naves que cruzan un golfo lejano.
Allí escalan hasta el límite de tus dedos:
frágiles, sencillos, como los sueños de un ave,
y luego se duermen como los aviones,
cuando por las noches, la nieve se acuesta en sus alas.
¡Ay, que no se termine un sólo día
sin que yo pudiera acariciarlas!
porque ese día amor, al privarme de tus manos,
vendrá a visitarme con su traje de cólera el invierno,
y al cantarme canciones y nanas de escarchas,
heredaré bienamada, los terribles derechos del frío.
redonditas, blancas, parientas de una nube,
y en ellas navegan lentamente las mías,
como la naves que cruzan un golfo lejano.
Allí escalan hasta el límite de tus dedos:
frágiles, sencillos, como los sueños de un ave,
y luego se duermen como los aviones,
cuando por las noches, la nieve se acuesta en sus alas.
¡Ay, que no se termine un sólo día
sin que yo pudiera acariciarlas!
porque ese día amor, al privarme de tus manos,
vendrá a visitarme con su traje de cólera el invierno,
y al cantarme canciones y nanas de escarchas,
heredaré bienamada, los terribles derechos del frío.