café en chernobyl
Poeta recién llegado
En una hilera de perlas
brillante como la púa a la esclerótica,
una isba de fémures
se alzan como zapatos de gigante
sobre un sueño de sangre
y espíritus.
Se ven liebres, los trabucos
Insensibles, las ondas de la pleamar
sedientas de ahogados.
Esta metrópolis no tiene lagunas
desnudas ni carrizos.
Solo, soledad hecha cubos,
como la atmósfera del formol y
el jarabe de eucalipto.
Las bestias no ingresan al templo
que huele a masturbación
y es de reja oxidada.
Un sabio barbón
está llorando, sus lágrimas
son arañas que se reproducen con
un beso. Fin del zaguán.
Ahí, acostada,
hermafrodita, yace la Muerte,
bajo estalagmitas de marfil
y paz en flauta.
brillante como la púa a la esclerótica,
una isba de fémures
se alzan como zapatos de gigante
sobre un sueño de sangre
y espíritus.
Se ven liebres, los trabucos
Insensibles, las ondas de la pleamar
sedientas de ahogados.
Esta metrópolis no tiene lagunas
desnudas ni carrizos.
Solo, soledad hecha cubos,
como la atmósfera del formol y
el jarabe de eucalipto.
Las bestias no ingresan al templo
que huele a masturbación
y es de reja oxidada.
Un sabio barbón
está llorando, sus lágrimas
son arañas que se reproducen con
un beso. Fin del zaguán.
Ahí, acostada,
hermafrodita, yace la Muerte,
bajo estalagmitas de marfil
y paz en flauta.