Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
El deseo se llama carne, y poderoso como es, no acepta un no por respuesta. Cuando las hormonas y la piel hacen un buen trabajo los cerebros se nublan sin más ni más, la pasión crece, inflama los tejidos húmedos del cuerpo; la vulva o las vulvas, el pene o los penes; incluso se humedecen los lagrimales, que para deshacerse de la pena, sueltan gotitas de humedad para lubricar la visión que ha de seguir al abrazo de las ropa con la alfombra.
La pasión, pues, llevó a ése solitario anciano a un hotel de paso, el hombre tomó su pastilla para que el miembro se parara, lo hizo con tanto deseo y pasión, que su músculo cardíaco que era todo educación, al ver pasar a su lado a la "señorita azul", la acarició con tanto amor, que sin remedio, y siendo un caballero.....se paró.
2.7.10 en un día para reír de la disfunción, sea cual sea su grado...
La pasión, pues, llevó a ése solitario anciano a un hotel de paso, el hombre tomó su pastilla para que el miembro se parara, lo hizo con tanto deseo y pasión, que su músculo cardíaco que era todo educación, al ver pasar a su lado a la "señorita azul", la acarició con tanto amor, que sin remedio, y siendo un caballero.....se paró.
2.7.10 en un día para reír de la disfunción, sea cual sea su grado...
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