Hada
Poeta fiel al portal
De profundidades y peligros
Imagen
No es mi culpa que el tiempo
haya llenado de goteras
la palabra ineludible,
que abrir la boca
sea un acto de nada.
El mundo está en otra parte.
En las entrañas del vértigo.
El mundo, mi mundo,
esa bestia inútil,
está en un lugar oscuro,
de costumbres y rutinas,
de húmedos despojos de sentido
en las alcantarillas,
en las sorpresivas esquinas,
construyendo, destruyendo,
y mientras tanto,
la que era,
la niña de amor absoluto
y escasa memoria,
anota profecías
en los márgenes del mar.
Dejé que ardieran mis amantes
y abandoné sus cenizas
en una casa de brazos rotos
y monólogos vacíos,
emigré a la costa,
al filo de mis costillas,
porque dicen que de ahí
nacen cosas nuevas,
pero sigo siendo un anexo,
una maraña desconocida
que habla con su reflejo inestable
en el vaivén que acaricia la arena.
Te conozco, hace muchos años demasiados- todo lo que era mío quedó entre tus líneas.
Y es su culpa que seamos dos planetas derruidos,
un bosque al filo de la tormenta,
ese ruido constante e histérico
que es la conciencia de los finales
y apenas hoy nos roza
con su eco
de convicciones disfrazadas.
Imagen
No es mi culpa que el tiempo
haya llenado de goteras
la palabra ineludible,
que abrir la boca
sea un acto de nada.
El mundo está en otra parte.
En las entrañas del vértigo.
El mundo, mi mundo,
esa bestia inútil,
está en un lugar oscuro,
de costumbres y rutinas,
de húmedos despojos de sentido
en las alcantarillas,
en las sorpresivas esquinas,
construyendo, destruyendo,
y mientras tanto,
la que era,
la niña de amor absoluto
y escasa memoria,
anota profecías
en los márgenes del mar.
Dejé que ardieran mis amantes
y abandoné sus cenizas
en una casa de brazos rotos
y monólogos vacíos,
emigré a la costa,
al filo de mis costillas,
porque dicen que de ahí
nacen cosas nuevas,
pero sigo siendo un anexo,
una maraña desconocida
que habla con su reflejo inestable
en el vaivén que acaricia la arena.
Te conozco, hace muchos años demasiados- todo lo que era mío quedó entre tus líneas.
Y es su culpa que seamos dos planetas derruidos,
un bosque al filo de la tormenta,
ese ruido constante e histérico
que es la conciencia de los finales
y apenas hoy nos roza
con su eco
de convicciones disfrazadas.
Definirse es como recordar todos los caminos de una ciudad extranjera que conoció nuestros pies. Es un falso recuerdo, casi un sueño, la neblina insidiosa que pone en duda nuestra permanencia.