Solaribus
Poeta veterano en el portal
Rematada de soles y aguaceros,
esdrújula de silencio, amordazada de espuma,
traigo mi alma hasta tu luna de murmullo blanquecino,
hasta tus manos profundas y claras.
Las palomas me anunciaban tu presencia,
como canto de amor inesperado
donde mi sueño enamorado,
pretende ser realidad con rica esencia.
Voy montado en los azules siderales
como en un vuelo de luciérnagas santas,
aturdido de misterio y de belleza, solidario de sueños,
perdido en tus pupilas de agua mansa.
Quizás no es aturdimiento
ya que los dos hemos sentido
dulce. la llamada anunciadora
del destino.
Presiento tus pechos como un destello de arrullos
como un suspiro de espacio en doble estrella,
pero desmayo todo el cielo de este julio
sobre tu rostro bello de niña enamorada.
Siento tu pasión de enamorado
cautiva estoy de tu mirada,
excelso sortilegio...
¡Es nuestra madrugada!
Si la penumbra es promesa de luz, difuminada,
y caminar de tu mano sabe a bosque y paraíso,
abrázame, amor mío, en esta noche nuestra,
que sin ti la vida es corta y sabe a nada.
En tus brazos me aposento,
llega la hora soñada,
donde los cristales de amatistas
para nosotros bailan.
esdrújula de silencio, amordazada de espuma,
traigo mi alma hasta tu luna de murmullo blanquecino,
hasta tus manos profundas y claras.
Las palomas me anunciaban tu presencia,
como canto de amor inesperado
donde mi sueño enamorado,
pretende ser realidad con rica esencia.
Voy montado en los azules siderales
como en un vuelo de luciérnagas santas,
aturdido de misterio y de belleza, solidario de sueños,
perdido en tus pupilas de agua mansa.
Quizás no es aturdimiento
ya que los dos hemos sentido
dulce. la llamada anunciadora
del destino.
Presiento tus pechos como un destello de arrullos
como un suspiro de espacio en doble estrella,
pero desmayo todo el cielo de este julio
sobre tu rostro bello de niña enamorada.
Siento tu pasión de enamorado
cautiva estoy de tu mirada,
excelso sortilegio...
¡Es nuestra madrugada!
Si la penumbra es promesa de luz, difuminada,
y caminar de tu mano sabe a bosque y paraíso,
abrázame, amor mío, en esta noche nuestra,
que sin ti la vida es corta y sabe a nada.
En tus brazos me aposento,
llega la hora soñada,
donde los cristales de amatistas
para nosotros bailan.