alfredo ajo gonzalez
Poeta fiel al portal
Sin apoyo y sola arrastraste a los tuyos
lejos de nuestra tierra natal,
nadie te perdonó los sueños
que cobijaste desde niña
y un rebote de dolor
partió literalmente tu corazón
postrándote en una silla de ruedas hasta tu muerte,
y una vez muerta, con toda la vulgaridad que ello implica,
desde aquí sentado madre
te escribo una carta infinita
que acaba en los mismos límites
y con las mismas preguntas,
no sabiendo nunca,
donde empiezan los demás,
(ni siquiera si debemos empezar)
o el porqué nos traspasa el amor como una daga,
uniéndonos en la herida.
lejos de nuestra tierra natal,
nadie te perdonó los sueños
que cobijaste desde niña
y un rebote de dolor
partió literalmente tu corazón
postrándote en una silla de ruedas hasta tu muerte,
y una vez muerta, con toda la vulgaridad que ello implica,
desde aquí sentado madre
te escribo una carta infinita
que acaba en los mismos límites
y con las mismas preguntas,
no sabiendo nunca,
donde empiezan los demás,
(ni siquiera si debemos empezar)
o el porqué nos traspasa el amor como una daga,
uniéndonos en la herida.
No es tarde para recapacitar,
son miles las caídas,
presiento que únicamente el vacío
y la indiferencia aciertan mitigando el dolor,
pero viendo nuestra llaga,
me doy cuenta que no es este el caso,
y en esta lágrima de alegría me hallo,
empapado y sin posible solución.
son miles las caídas,
presiento que únicamente el vacío
y la indiferencia aciertan mitigando el dolor,
pero viendo nuestra llaga,
me doy cuenta que no es este el caso,
y en esta lágrima de alegría me hallo,
empapado y sin posible solución.
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