iadra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las orillas de tu cuerpo cada vez se escapan
con más ganas de mis dedos.
Rehúyen.
Alejándose por el vórtice de otro párrafo,
de otra historia,
de los hilos menos ajados
de un cielo claro y líquido, cristal
más puro, filo más cierto.
Las líneas se siguen perdiendo.
Y yo voy con las noches en vela,
con los ojos cortados por el vuelo
de esa la que fue un ave, y ahora
es reptil de iridiscente veneno.
Así, el pulso de la mentira viva
agita la sangre, remueve vértebras
busca donde atar la cordura y la decencia,
y no caer en el abismo de un olvido
largamente anunciado.
con más ganas de mis dedos.
Rehúyen.
Alejándose por el vórtice de otro párrafo,
de otra historia,
de los hilos menos ajados
de un cielo claro y líquido, cristal
más puro, filo más cierto.
Las líneas se siguen perdiendo.
Y yo voy con las noches en vela,
con los ojos cortados por el vuelo
de esa la que fue un ave, y ahora
es reptil de iridiscente veneno.
Así, el pulso de la mentira viva
agita la sangre, remueve vértebras
busca donde atar la cordura y la decencia,
y no caer en el abismo de un olvido
largamente anunciado.