Souv Bernard Berdt
Poeta recién llegado
Las relucientes rayas del papel se han anclado en mí, suaves y prudentes, como el susurro de un afilado cuchillo acariciando la textura de nuestro cuello. Ya no hay gravedad en el planeta, no importa el sonido, y por supuesto
ya nadie utiliza el don del habla. Existe un conducto, como un puente de mente a menté, que traslada nuestros pensamientos líquidos de ser a ser ¡Todos conocemos esa cueva cercana al infierno! Ya ha amanecido, y los rayos de sol penetran la pared de cristal. Los vampiros no se preocupan, se ponen gafas negras y bailan, bailan dance. Las sonrisas en esos rostros me indican lo diabólico del momento, y al intentar pasar desapercibido me transformo en ese ente repugnante que atropelle en la autopista camino a "La Isla Dragón. Enciendo un cigarrillo con el fuego de mis ojos, los dos de arriba, y me cercan dos mujeres de pechos galácticos. Con una mirada basto para comprender nuestra necesidad, el derroche. Y nos transportamos por un túnel de gran sutilidad hacia un arrollo cercano, donde nos deshicimos en un éxtasis maravillosamente inexplicable durante años luz. Finalmente dormitamos para visitar la realidad, una de ellas, y reconstruir nuestro cuerpo. Como todos los que nos mantenemos despiertos en los cortos momentos de reposos, este es un instante en el cual todos los seres existentes se fusionan, y de esta fusión surge un único ente, como una gran medusa. Este es un instante de reequilibrio de las energías, donde nuevamente vuelve a ser todo como en el principio. Todo, siempre es un recomienzo, solo cambian las circunstancia para hacer tolerable a esta infinita eternidad.