A un cuentista de horror

Jeison

Poeta fiel al portal

Un cuentista de horror
La atmosfera lánguida de Agosto
asoma su lengua después del Julio incandescente,
cuando caían los mangos
y se explotaban en las playas las cáscaras de ostras
que consumía el oleaje.
Ay, señor, usted me guía,
usted me guía a la felicidad muriendo
muriendo muriendo muriendo,
usted, señor, me guía a la felicidad
muriendo.

Y no puedo negar de ningún modo
que estos días, en los que vivo su ausencia,
han traído para mí
el pretexto perfecto para vivir sufriendo,
una mezcla de instintos y de temores
de complejos y de vacuidades
que se van enhebrando uno tras otro hasta formar
un lienzo de polvo,
uno para usted y uno para mí,
uno para armar y desarmar
para vivir y para morir y para seguir viviendo.
Y a ello, quizá, hablará usted de Antínoo
o de la bella ciudad de Macedonia, inculcándome la cultura Griega
como si cada poro de mi cuerpo
fuera un muro más de la imperiosa Atenas,
como si el poder de aquellos dioses fuera también mi poder
y su belleza mi belleza, y sus palabras mis palabras.

Pero yo no debí tener el corazón de Apolo
ni la suerte de los pronósticos de Casandra,
si acaso alguna de las partes del oráculo especulatorio,
o las manecillas del reloj de Zeus,
digamos, por ejemplo, las cosas más sencillas,
algo que no fuera indispensable
y pudiese ser tirado al olvido cuando fuera.

Aquí llueve casi todos los días,
y salgo en las mañanas a recorrer las cuadras
dando vueltas y vueltas,
y siento como si las hubiese recorrido a cuestas o en rodillas,
saboreando la tierra parda con mi boca
y mis ojos sumergidos en el hocico de la vegetación.
Los vecinos dirán: «¡Mira! qué desnutrido está
qué poca energía le queda»
Mis arrugas, mi cabello cayéndose,
esta juventud que me grita desde una vejez interna
avisándome que pronto no habrá tiempo.
Dolores sobre risitas cariñosas,
pedazos de piel en el sillón donde tomaba el té.

Estoy cansado y exhausto,
muriendo de sueño pero sin querer dormir,
se lo había dicho, aquí las cosas me hablan de usted,
y tienen ese sabor salobre de estar junto a la niebla y el éter,
paseando por mi dormitorio, dando saltos
..................................de asilo hasta mi almohada,
mis sentimientos, mi cruda cosecha de planteamientos
donde no me atrevo si quiera a lanzar un juicio,

¿Es real lo que estoy viendo, lo que estoy viviendo
Es la idea lo que temí que fuera
o la explicación errónea de una duda?

Veo mi rostro aparecer en los espejos
y caer derrumbado como quien lo ha roto de furia.
Hubiese sido mejor dejar que aquel mayo
se fundiera en su cruel evocación, una que otra reverberación
de coincidencias, hechas para usted
desde el inexorable enjambre de mis versos.

Estoy cansado y sediento.
Estoy cansado. Estoy cansado.

¿Me escribirá? ¿Me dará un poco de su sangre
acaso virgen entre los tantos actos de su lujuria?
Es que hay días en los que en verdad necesito de su horror,
días en los que dejo caer la esperanza
sobre la traición, y grito equivocado entre ideas deprimentes,
días sin luz, goteando brea, días
que no son días, sino reflejos de luz apagándose.

¿Usted qué sabe, señor, de mis horas en el campo,
cuando me excito al sumergir las manos entre los sacos de arroz
o cuando lamo el viento con mis pestañas
mientras arden en mis ojos los augurios de un tiempo distinto?
Lloro, todos los días, entre carcajadas,
partiéndome el cráneo contra la almohada
y perforando mis oídos contra el rumor que usted dejó.

Ay, señor, si usted supiera,
si usted supiera lo que siento al recitar sus plegarias
y oler el aroma de su música ancestral,
sentir los cuchillos de sus cuentos atravesarme el hígado,
masticar los lamentos y las amenazas.
Su horror y su crudeza
son a veces el Panteón en donde sueño.
Y no quisiera que ello terminara.

Pero no, realmente no es esto lo que quiero decir.
Usted sabe lo que quiero decir.
Como acostarse un día, bastante agotado
y ver el horror del techo disperso, y pensar:
«definitivamente lo hubiese hecho mejor»
Claro que lo hubiese hecho mejor,
después de las 5:15 cuando subo a la terraza
descalzo, y veo la lejanía, y suelo recitar un poema de Neruda,
y percibo su rostro moviéndose a través de las nubes
separando lo bueno de lo malo, lo frío de lo caliente,
lo que debe soñarse y lo que, por el contrario, debemos olvidar.
No. Realmente no es esto lo que quiero decir.

Y es que cuando leo sus cuentos
es como si me leyera a mí, como si lo leyera a usted,
como si leyera cada una de las partes que van conformándose
a medida que pasa el tiempo, inadvertido,
sosegadamente abstracto.

Es, después de todo, una etapa de adaptación y conocimiento,
en donde suelo pensar que estamos aquí
para formar caminos, caminos que quizá otros
hayan transitado, pero que serán distintos
por la simple percepción del espacio.
Y no puedo negar que me siento fatalmente identificado
con ciertas decisiones que otros han tomado,
y digo, quizá sea un círculo,
una continuidad estática, repetible,
en donde el hombre halla hombre en sí mismo,
y en donde los sentimientos
partan, de una u otra forma, de una premisa dual:
«¿habrán sentido ellos lo mismo que yo?
¿habré captado las cosas como la han captado ellos?»

De ninguna manera.
Aquí los cojines y las sillas y las puertas y las paredes
tienen nombre y apellido,
un lugar exacto para cada aposento.
De ninguna manera.
Las sensaciones pesan por lo que duelen.
Usted las quiere enterrar, usted las quiere volver al polvo,
pero no sabe, no sabe lo que aquí se esconde.

Dese prisa por favor que ya no hay tiempo.
Dese prisa por favor que ya no hay tiempo.


Jeison Villalba

 
Última edición:
muy bueno el poema excelentes letras creo que es la primera vez ke las leo un placer y muy bien dicha la cita que tiene usted " quien dijo que los poemas se escriben con plabras" un placer como dijo mi alberto machado el escrito es un soñador.. el escritor no esta en la pluma si no en la cabeza con la pluma cual quiera escribe con la cabeza solo los genios
placer...
 
La atmosfera lánguida de Agosto
asoma su lengua después del Julio venenoso,
cuando caían los mangos
y se explotaban en las playas las cáscaras de las ostras
que aún consumía el oleaje.
Ay, señor, usted me guía,
usted me guía a la felicidad muriendo
muriendo muriendo muriendo,
usted, señor, me guía a la felicidad
muriendo.

Y no puedo negar de ningún modo
que estos días, en los que vivo su ausencia,
han traído para mí
el pretexto perfecto para vivir sufriendo,
una mezcla de instintos y de temores
de complejos y de vacuidades
que se van enhebrando uno tras otro hasta formar
un lienzo de polvo,
uno para usted y uno para mí,
uno para armar y desarmar
para vivir y para morir y para seguir viviendo.
Y a ello, usted, quizá, hablará de Antínoo
o de la bella ciudad de Macedonia, inculcándome la cultura Griega
como si cada poro de mi cuerpo
fuera un muro más de imperiosa Atenas,
como si el poder de aquellos dioses fuera también mi poder
y su belleza mi belleza, y sus palabras mis palabras.

Pero yo no debí tener el corazón de Apolo
ni la suerte de los pronósticos de Casandra,
si acaso alguna de las partes del oráculo especulatorio,
o las manecillas del reloj de Zeus,
digamos, por ejemplo, las cosas más sencillas,
algo que no fuera indispensable
y pudiese ser tirado al olvido cuando fuera.

Aquí llueve casi todos los días,
y salgo en las mañanas a recorrer las cuadras
dando vueltas y vueltas,
y siento como si las hubiese recorrido a cuestas o en rodillas,
saboreando la tierra parda con mi boca
y mis ojos sumergidos en el hocico de la vegetación.
Los vecinos dirán: «¡Mira! qué desnutrido está
qué poca energía le queda»
Mis arrugas, mi cabello cayéndose,
esta juventud que me grita desde una vejez interna
avisándome que pronto no habrá tiempo.
Dolores sobre risitas cariñosas,
pedazos de piel en el sillón donde tomaba el té.

Estoy cansado y exhausto,
muriendo de sueño pero sin querer dormir,
se lo había dicho, aquí las cosas me hablan de usted,
y tienen ese sabor salobre de estar junto a la niebla y el éter,
paseando por mi dormitorio, dando saltos
..................................de asilo hasta mi almohada,
mis sentimientos, mi cruda cosecha de planteamientos
donde no me atrevo si quiera a lanzar un juicio,

¿Es real lo que estoy viendo, lo que estoy viviendo
es la idea lo que temí que fuera
o la explicación errónea de una duda?

Veo mi rostro aparecer en los espejos
y caer derrumbado como quien lo ha roto de furia.
Hubiese sido mejor dejar que aquel mayo
se fundiera en su cruel evocación, una que otra reverberación
de coincidencias, hechas para usted
desde el inexorable enjambre de mis versos.

Estoy cansado y sediento.
Estoy cansado. Estoy cansado.

¿Me escribirá? ¿Me dará un poco de su sangre
acaso virgen entre los tantos actos de su lujuria?
Es que hay días en los que en verdad necesito de su horror,
días en los que dejo caer la esperanza
sobre la traición, y grito equivocado entre ideas deprimentes,
días sin luz, goteando brea, días
que no son días, sino reflejos de luz apagándose.

¿Usted qué sabe, señor, de mis días en el campo
cuando me excito al sumergir las manos entre los sacos de arroz
o cuando lamo el viento con mis pestañas
mientras arden en mis ojos los augurios de un tiempo distinto?
Lloro, todos los días, entre carcajadas,
partiéndome el cráneo contra la almohada
y perforando mis oídos contra el rumor que usted dejó.

Ay, señor, si usted supiera,
si usted supiera lo que siento al recitar sus plegarias
y oler el aroma de su música ancestral,
sentir los cuchillos de sus cuentos atravesarme el hígado,
y masticar los lamentos y las amenazas
que tan sigilosamente aguardan sus palabras.
Su horror y su crudeza
son a veces el Panteón en donde sueño.
Y no quisiera que ello terminara.

Pero no, realmente no es esto lo que quiero decir.
Usted sabe lo que quiero decir.
Como acostarse un día, bastante agotado
y ver el horror del techo disperso, y pensar:
«definitivamente lo hubiese hecho mejor»
Claro que lo hubiese hecho mejor,
después de las 5:15 cuando subo a la terraza
descalzo, y veo la lejanía, y suelo recitar un poema de Neruda,
y percibo su rostro moviéndose a través de las nubes
separando lo bueno de lo malo, lo frío de lo caliente,
lo que debe soñarse y lo que, por el contrario, debemos olvidar.
No. Realmente no es esto lo que quiero decir.

Y es que cuando leo sus cuentos
es como si me leyera a mí, como si lo leyera a usted,
como si leyera cada una de las partes que van conformándose
a medida que pasa el tiempo, inadvertido,
sosegadamente abstracto.

Es, después de todo, una etapa de adaptación y conocimiento,
en donde suelo pensar que estamos aquí
para formar caminos, caminos que quizá otros
hayan transitado, pero que para nosotros es distinto
por la simple percepción del espacio.
Y no puedo negar que me siento fatalmente identificado
con ciertas decisiones que otros han tomado,
y digo, quizá sea un círculo,
una continuidad estática, repetible,
en donde el hombre halla hombre en sí mismo,
y en donde los sentimientos
partan, de una u otra forma, de una premisa dual:
«¿habrán sentido ellos lo mismo que yo?
¿habré captado las cosas como la han captado ellos?»

De ninguna manera.
Aquí los cojines y las sillas y las puertas y las paredes
tienen nombre y apellido,
un lugar exacto para cada aposento.
De ninguna manera.
Las sensaciones pesan por lo que duelen.
Usted las quiere enterrar, usted las quiere volver al polvo,
pero no sabe, no sabe lo que aquí se esconde.

Dese prisa por favor que ya no hay tiempo.
Dese prisa por favor que ya no hay tiempo.


Jeison Villalba



aplausos.gif
gracias por la lectura y compartir tus poemas:) estrellitas para ti:)
 
muy bueno el poema excelentes letras creo que es la primera vez ke las leo un placer y muy bien dicha la cita que tiene usted " quien dijo que los poemas se escriben con plabras" un placer como dijo mi alberto machado el escrito es un soñador.. el escritor no esta en la pluma si no en la cabeza con la pluma cual quiera escribe con la cabeza solo los genios
placer...

Hola 'Scox', muchísimas gracias por tomarte el tiempo de llegar hasta mis letras, por dejar en ellas tu huella. En efecto el poeta debe vivir sus poemas, no siempre será la sucesión de imágenes, de rima, de ritmo, esos detalles pertenecen a la estética y son importantes, pero no más que el 'fuego', ese que en palabras de Rimbaud, el poeta debe 'robar'.

Un fuertísimo abrazo de gratitud.
Jeison.
 
Los instintos, pasiones y amares no se llevan con temores...

Es una mezcla improcedente, que de forzarla crea un caos.

Líneas de pasión... Jeison.

Gracias por compartirlas.

Un abrazo.

Justamente, estimado César, es eso lo que está ocurriendo: un caos. "Aunque estos atardeceres de Julio me recuerdan de algún modo mi vida enterrada, y mi tierra en primavera. Siento una paz inmensa, y encuentro que el mundo es, después de todo, maravilloso y joven." Agradecido por su visita. Un fuerte abrazo de mi parte.

Jeison.
 
Sorprendente Jeison, es un como un monólogo en donde
se rescata lo que a uno más le llega, y llega todo.
Magistral en tu instrospección.
Ya no te digo más hijo, has crecido muchísimo,
aunque así es la ley de la vida.
Un abrazo, me dejaste anonadada.


Madreeeeeee! No sabe usted la alegría que me produce contar con su presencia. Me consuela el hecho de que, aún en esta gran tristeza y ahogo de emociones, mis palabras sean capaces de llegar a seres como usted. Gracias por dedicarme un poquito de tempo, gracias por la lectura, gracias por esas palabras alentadoras.

Un beso enorme de mi parte,
Jeison.
 
La atmosfera lánguida de Agosto
asoma su lengua después del Julio venenoso,
cuando caían los mangos
y se explotaban en las playas las cáscaras de las ostras
que aún consumía el oleaje.
Ay, señor, usted me guía,
usted me guía a la felicidad muriendo
muriendo muriendo muriendo,
usted, señor, me guía a la felicidad
muriendo.

Y no puedo negar de ningún modo
que estos días, en los que vivo su ausencia,
han traído para mí
el pretexto perfecto para vivir sufriendo,
una mezcla de instintos y de temores
de complejos y de vacuidades
que se van enhebrando uno tras otro hasta formar
un lienzo de polvo,
uno para usted y uno para mí,
uno para armar y desarmar
para vivir y para morir y para seguir viviendo.
Y a ello, usted, quizá, hablará de Antínoo
o de la bella ciudad de Macedonia, inculcándome la cultura Griega
como si cada poro de mi cuerpo
fuera un muro más de la imperiosa Atenas,
como si el poder de aquellos dioses fuera también mi poder
y su belleza mi belleza, y sus palabras mis palabras.

Pero yo no debí tener el corazón de Apolo
ni la suerte de los pronósticos de Casandra,
si acaso alguna de las partes del oráculo especulatorio,
o las manecillas del reloj de Zeus,
digamos, por ejemplo, las cosas más sencillas,
algo que no fuera indispensable
y pudiese ser tirado al olvido cuando fuera.

Aquí llueve casi todos los días,
y salgo en las mañanas a recorrer las cuadras
dando vueltas y vueltas,
y siento como si las hubiese recorrido a cuestas o en rodillas,
saboreando la tierra parda con mi boca
y mis ojos sumergidos en el hocico de la vegetación.
Los vecinos dirán: «¡Mira! qué desnutrido está
qué poca energía le queda»
Mis arrugas, mi cabello cayéndose,
esta juventud que me grita desde una vejez interna
avisándome que pronto no habrá tiempo.
Dolores sobre risitas cariñosas,
pedazos de piel en el sillón donde tomaba el té.

Estoy cansado y exhausto,
muriendo de sueño pero sin querer dormir,
se lo había dicho, aquí las cosas me hablan de usted,
y tienen ese sabor salobre de estar junto a la niebla y el éter,
paseando por mi dormitorio, dando saltos
..................................de asilo hasta mi almohada,
mis sentimientos, mi cruda cosecha de planteamientos
donde no me atrevo si quiera a lanzar un juicio,

¿Es real lo que estoy viendo, lo que estoy viviendo
Es la idea lo que temí que fuera
o la explicación errónea de una duda?

Veo mi rostro aparecer en los espejos
y caer derrumbado como quien lo ha roto de furia.
Hubiese sido mejor dejar que aquel mayo
se fundiera en su cruel evocación, una que otra reverberación
de coincidencias, hechas para usted
desde el inexorable enjambre de mis versos.

Estoy cansado y sediento.
Estoy cansado. Estoy cansado.

¿Me escribirá? ¿Me dará un poco de su sangre
acaso virgen entre los tantos actos de su lujuria?
Es que hay días en los que en verdad necesito de su horror,
días en los que dejo caer la esperanza
sobre la traición, y grito equivocado entre ideas deprimentes,
días sin luz, goteando brea, días
que no son días, sino reflejos de luz apagándose.

¿Usted qué sabe, señor, de mis días en el campo
cuando me excito al sumergir las manos entre los sacos de arroz
o cuando lamo el viento con mis pestañas
mientras arden en mis ojos los augurios de un tiempo distinto?
Lloro, todos los días, entre carcajadas,
partiéndome el cráneo contra la almohada
y perforando mis oídos contra el rumor que usted dejó.

Ay, señor, si usted supiera,
si usted supiera lo que siento al recitar sus plegarias
y oler el aroma de su música ancestral,
sentir los cuchillos de sus cuentos atravesarme el hígado,
y masticar los lamentos y las amenazas
que tan sigilosamente aguardan sus palabras.
Su horror y su crudeza
son a veces el Panteón en donde sueño.
Y no quisiera que ello terminara.

Pero no, realmente no es esto lo que quiero decir.
Usted sabe lo que quiero decir.
Como acostarse un día, bastante agotado
y ver el horror del techo disperso, y pensar:
«definitivamente lo hubiese hecho mejor»
Claro que lo hubiese hecho mejor,
después de las 5:15 cuando subo a la terraza
descalzo, y veo la lejanía, y suelo recitar un poema de Neruda,
y percibo su rostro moviéndose a través de las nubes
separando lo bueno de lo malo, lo frío de lo caliente,
lo que debe soñarse y lo que, por el contrario, debemos olvidar.
No. Realmente no es esto lo que quiero decir.

Y es que cuando leo sus cuentos
es como si me leyera a mí, como si lo leyera a usted,
como si leyera cada una de las partes que van conformándose
a medida que pasa el tiempo, inadvertido,
sosegadamente abstracto.

Es, después de todo, una etapa de adaptación y conocimiento,
en donde suelo pensar que estamos aquí
para formar caminos, caminos que quizá otros
hayan transitado, pero que para nosotros es distinto
por la simple percepción del espacio.
Y no puedo negar que me siento fatalmente identificado
con ciertas decisiones que otros han tomado,
y digo, quizá sea un círculo,
una continuidad estática, repetible,
en donde el hombre halla hombre en sí mismo,
y en donde los sentimientos
partan, de una u otra forma, de una premisa dual:
«¿habrán sentido ellos lo mismo que yo?
¿habré captado las cosas como la han captado ellos?»

De ninguna manera.
Aquí los cojines y las sillas y las puertas y las paredes
tienen nombre y apellido,
un lugar exacto para cada aposento.
De ninguna manera.
Las sensaciones pesan por lo que duelen.
Usted las quiere enterrar, usted las quiere volver al polvo,
pero no sabe, no sabe lo que aquí se esconde.

Dese prisa por favor que ya no hay tiempo.
Dese prisa por favor que ya no hay tiempo.


Jeison Villalba





muy buenas líneas, imágenes buenas y un lenguaje rico el que has utilizado, es bastante metafórico y los símiles dejan la sazón del alma implicita en la imaginación de lector. Me gusto
 
muy buenas líneas, imágenes buenas y un lenguaje rico el que has utilizado, es bastante metafórico y los símiles dejan la sazón del alma implicita en la imaginación de lector. Me gusto

Me alegra que te haya gustado, estimado Apolo. Y a la vez agradezco enormemente tu visita; en efecto, cuando se trata particularmente de decir lo que se siente, sobre todo en estas circunstancias, no queda de otra que las metáforas, para si quiera acercarse un poco a la esterilidad que nos compone. Un fuertísimo abrazo de mi parte.
Jeison.
 
Lamentablemente,tu tiempo acabó.
Ya no llores, deja su camino libre hay un nuevo aliento que lo ayuda a sobrevivir.Cuando algo se termina, la culpa se divide en dos.
hermoso tu poema
CARO

No, Carolina. Mi tiempo, nuestro tiempo, aún no ha acabado. Creo que, por el contrario, se reforzó más. Muchas gracias por tu presencia, me alegra verte por estos lares
Jeison.
 
impregnas de fragancia todos los versos. Fragancia de sentimientos. Fragancias de tú y él.
Fragancias que siempre se encontraran entre el viento y el mar.
Hermoso poema Jeison.
Un abrazo.
 
"a un cuentista de horror"



audaz y delicado. despierta imagenes que le dan énfasis.
En este ser y no ser, se descubre más.

Como siempre es un placer leerte.

Te saluda Haro
 
No "zero" aunque no dudo de tus razonamientos...te diré no apreciaste bien lo que escribió Jeito, "audaz y delicado" marca demasiada debilidad, no...no entendiste. Definitivamente.
No es el calificativo correcto para esta obra, sino mas bien le definiría como: "intensa y/o provista de argéntea belleza la cual solo alcanzaron los griegos en algún tiempo (Shakespeare si que se camino las aceras en rodillas por alcanzarla…en fin ese es otro tema el cual no me converso por las esquinas, pero mira, el caso es que Shakespeare apenas si logro ciertos "destellos" de encanto) y que ahora surgió de su enigmático letargo en manos de Jeison"
Te lo mencionare sencillo mí estimado zero: esta poesía es un adámas y tú pensaste que era circonia cúbica…sin parafernalia: cuando le leí por vez primera vez la seguí leyendo indefinidamente “por primera vez”, y apuesto a que aplicare siempre el símbolo infinito ∞al percibir sus letras fulgurantes.

Saludos
 
Última edición por un moderador:

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