Jesús Cáñez
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Ay de Venus y Afrodita,
de las Ninfas y Atenea!
Hoy las musas se han volcado
en un cuadro de belleza.
Quién pudiera ver completo
el cuerpo de dicha prenda,
con orquídeas adornada,
y de efélides cubierta,
con las piernas de marfil,
y las manos pura seda.
Su pensar es diferente
-como versos de poeta-,
tanto así que en el Parnaso
le escribe Lope de Vega.
Qué decir de su sonrisa,
limpia, fresca, que recrea
las ganas del corazón
con sus besos de cereza.
De aromático placer
su fragancia que embelesa
me remonta a atardeceres
de las bellas islas griegas
do fecunda amor en Eros
si se mueve allá por Creta.
Y si hablo de sus fuentes
manantiales de cadera,
de envidia mueren las Náyades,
sirenas y Galateas.
Revestido de las flores
va su aliento que se impregna
en donde zarpan las naves
en mágica sinestesia.
Es por eso que hoy de gusto
se bañan éstas, mis letras,
si entregadas y con gozo
se muestran a ella directas
y viajan con suavidad
para tocar a su puerta
con tan sólo este mensaje
que repetirle quisiera:
Si los pulcros escritores
a ti, mi bien, conocieran,
¡Ay de Venus y Afrodita
de las Ninfas y Atenea!
de las Ninfas y Atenea!
Hoy las musas se han volcado
en un cuadro de belleza.
Quién pudiera ver completo
el cuerpo de dicha prenda,
con orquídeas adornada,
y de efélides cubierta,
con las piernas de marfil,
y las manos pura seda.
Su pensar es diferente
-como versos de poeta-,
tanto así que en el Parnaso
le escribe Lope de Vega.
Qué decir de su sonrisa,
limpia, fresca, que recrea
las ganas del corazón
con sus besos de cereza.
De aromático placer
su fragancia que embelesa
me remonta a atardeceres
de las bellas islas griegas
do fecunda amor en Eros
si se mueve allá por Creta.
Y si hablo de sus fuentes
manantiales de cadera,
de envidia mueren las Náyades,
sirenas y Galateas.
Revestido de las flores
va su aliento que se impregna
en donde zarpan las naves
en mágica sinestesia.
Es por eso que hoy de gusto
se bañan éstas, mis letras,
si entregadas y con gozo
se muestran a ella directas
y viajan con suavidad
para tocar a su puerta
con tan sólo este mensaje
que repetirle quisiera:
Si los pulcros escritores
a ti, mi bien, conocieran,
¡Ay de Venus y Afrodita
de las Ninfas y Atenea!