Escobedo
Poeta asiduo al portal
Hice, desde un rincón, brotar la música,
saqué, de las entrañas, nuevas fuerzas,
musité una oración con toda el alma,
pero todo fue inútil, tú no estabas.
Y se secó la música,
se perdieron las fuerzas,
debió llevarse mi oración el viento
porque tú no viniste.
Mi corazón rompiose en mil pedazos,
se rasgaron los velos de mi entraña
y me brotaron de los ojos lágrimas
y morí en ese instante.
No te encontré, tampoco, en la otra vida.
Llegué a dudar, incluso, que existieras;
tal vez tan solo fuiste
el fruto enfebrecido de un mal sueño,
que se adueñó del alma,
y que será imposible desterrar...
Juan de Escobedo, 29-07-2010
saqué, de las entrañas, nuevas fuerzas,
musité una oración con toda el alma,
pero todo fue inútil, tú no estabas.
Y se secó la música,
se perdieron las fuerzas,
debió llevarse mi oración el viento
porque tú no viniste.
Mi corazón rompiose en mil pedazos,
se rasgaron los velos de mi entraña
y me brotaron de los ojos lágrimas
y morí en ese instante.
No te encontré, tampoco, en la otra vida.
Llegué a dudar, incluso, que existieras;
tal vez tan solo fuiste
el fruto enfebrecido de un mal sueño,
que se adueñó del alma,
y que será imposible desterrar...
Juan de Escobedo, 29-07-2010
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