Arturo Acosta
Reconstructor de sueños rotos
No sé como nombrarte,
no sé aún
qué nombre darte...
Es tanto lo que te quiero,
que temo lastimar tu nombre
en busca de definir lo indescifrable.
No podría llamarte prostituta,
que ella cobra por contraprestaciones
sexuales.
Tampoco te llamaría puta,
que ella... ella lo hace
y sin cobrarte.
Es, veamos, que explotas mis deseos carnales,
y exhibes un escote amenazante,
donde casi brotan botones como pezones,
como flores, como rosas, como diamantes.
Es, veamos, que en el borde de tu mezclilla
muestras como por accidente
la delgada línea baja,
donde termina la llamada espalda.
Para entonces mi voz ya no sale,
mi saliva espesa sólo atina
a dejarme con la boca cerrada,
nomás para no babearte.
Entonces me miras
con tus profundos ojos enmarcados en ese rimel negro
y sabes
que cualquier cosa que pidas
lo tendrás tuyo, todo, por segmentos ó por partes, o como tu quieras,
que la presa yace inmóvil,
temblorosa y con los ojos abiertos.
Entonces te marchas,
triunfante y arrogante.
No, no te llamas
ni puta
ni prostituta. No aún.
Tu intelecto estás lejos de utilizarle
y explotas el instinto
propio de
los animales. Felicidades.
-En la formación de tu conducta
tuviste a grandes celebridades
que elevan a grado de virtud
tus banalidades...-
no sé aún
qué nombre darte...
Es tanto lo que te quiero,
que temo lastimar tu nombre
en busca de definir lo indescifrable.
No podría llamarte prostituta,
que ella cobra por contraprestaciones
sexuales.
Tampoco te llamaría puta,
que ella... ella lo hace
y sin cobrarte.
Es, veamos, que explotas mis deseos carnales,
y exhibes un escote amenazante,
donde casi brotan botones como pezones,
como flores, como rosas, como diamantes.
Es, veamos, que en el borde de tu mezclilla
muestras como por accidente
la delgada línea baja,
donde termina la llamada espalda.
Para entonces mi voz ya no sale,
mi saliva espesa sólo atina
a dejarme con la boca cerrada,
nomás para no babearte.
Entonces me miras
con tus profundos ojos enmarcados en ese rimel negro
y sabes
que cualquier cosa que pidas
lo tendrás tuyo, todo, por segmentos ó por partes, o como tu quieras,
que la presa yace inmóvil,
temblorosa y con los ojos abiertos.
Entonces te marchas,
triunfante y arrogante.
No, no te llamas
ni puta
ni prostituta. No aún.
Tu intelecto estás lejos de utilizarle
y explotas el instinto
propio de
los animales. Felicidades.
-En la formación de tu conducta
tuviste a grandes celebridades
que elevan a grado de virtud
tus banalidades...-
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