ludmila
Poeta veterano en el portal
Alguien se fue una noche
y dejó los jazmines derrochados,
sin aliento su huella merodeaba
las hilvanadas secuelas de mi boca;
Justo en el borde de la muerte
de la hiel que pintó con su partida
me abrió la puerta de la aurora
y vislumbré por primera vez la vida;
Nunca imaginé tanta dulzura
en un despertar de la mañana
tampoco me había percatado
de los azules y los grises de la noche
después que las gotas del rocío
marcaban la pasión por la ventana;
Después que los albores
lamían la mirada desolada
de la ausencia que dejó su recetario
de la poca tristeza en la persiana;
Fue todo tan escaso y tan liviano
y lo proletario de su amor
fue tan mezquino
que al dejar la oquedad de su presencia
se llenó la habitación de mi memoria;
y fue tan pobre su miseria
tan desamparada su osadía
que no sintió el picaflor en su aleteo
ni siquiera la levedad de su garganta;
Me ha dejado...
y el espacio se llenó de mi presencia.
Ahora se, que ya nadie me abandona.
y dejó los jazmines derrochados,
sin aliento su huella merodeaba
las hilvanadas secuelas de mi boca;
Justo en el borde de la muerte
de la hiel que pintó con su partida
me abrió la puerta de la aurora
y vislumbré por primera vez la vida;
Nunca imaginé tanta dulzura
en un despertar de la mañana
tampoco me había percatado
de los azules y los grises de la noche
después que las gotas del rocío
marcaban la pasión por la ventana;
Después que los albores
lamían la mirada desolada
de la ausencia que dejó su recetario
de la poca tristeza en la persiana;
Fue todo tan escaso y tan liviano
y lo proletario de su amor
fue tan mezquino
que al dejar la oquedad de su presencia
se llenó la habitación de mi memoria;
y fue tan pobre su miseria
tan desamparada su osadía
que no sintió el picaflor en su aleteo
ni siquiera la levedad de su garganta;
Me ha dejado...
y el espacio se llenó de mi presencia.
Ahora se, que ya nadie me abandona.
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