David Martinez Vilches
Amigo de la Poesía Clásica
Érase una mujer con su perilla,
érase los agostos del barbero,
érase un bello rostro con su apero
de barba femenina en la barbilla.
Érase la terrible maravilla,
el horror del pincel del retratero,
un imposible de decir "te quiero",
la afrenta que a la cara le mancilla.
Se queda deslumbrada la persona
si se te ve vestida, ¿si desnuda
serás un ser humano o una mona?
¡Queda tu rostro con la boca muda
al ver la espesa selva en esa zona!
¡Pasen y vean! ¡La mujer barbuda!
érase los agostos del barbero,
érase un bello rostro con su apero
de barba femenina en la barbilla.
Érase la terrible maravilla,
el horror del pincel del retratero,
un imposible de decir "te quiero",
la afrenta que a la cara le mancilla.
Se queda deslumbrada la persona
si se te ve vestida, ¿si desnuda
serás un ser humano o una mona?
¡Queda tu rostro con la boca muda
al ver la espesa selva en esa zona!
¡Pasen y vean! ¡La mujer barbuda!
La mujer barbuda de José de Ribera (s. XVII)