Avelino
Poeta veterano/a en el portal
Te voy a contar ahora
cómo fue que comenzamos
a humedecernos y tocarnos.
Vos eras la mujer elegida,
lo mismo que pudo ser otra
cualquiera que naciera
alrededor de los años dorados
en que asomaste tus cabellos a este mundo.
Porque en el momento más feliz,
en medio de la mejor caricia
pude haberte abandonado
y ser de nuevo dichoso
amando un cuadro, un árbol, un paisaje
con sólo anular una glándula en mi tiempo
o aturdirme a percusiones los instintos.
Quizá nos hemos conocido
en momentos muy difíciles.
Vos recién emergiendo
desde una dimensión sumisa,
buscando el rumbo
de tu condición humana.
Y yo cansado de muchachas frívolas
que me acercaban unos besos desprolijos
y eran incapaces de ganar la noche
en la hora mejor para mirar la luna.
Así nos hemos conocido
en medio del hervor más frío
de una dimensión desesperada.
Eso fue lo esencial y ya no importa
si nuestro encuentro fue en el mar,
en un bosque donde la flora
era un erizal de engaños
o tirados en un mismo colchón
a causa de un error inexplicable.
El tiempo fue un invento necesario
cuando la intensidad
aún no reemplazaba a la experiencia.
Yo no puedo asegurar
si detrás de tus besos,
detrás de tus caricias
hubo amor .
Esa copita con sabor a todo
o solamente una pasión irresistible,
suavidad de carne que busca la adherencia.
A mi también me gusta
sin embargo.
Venir del fuego y de pronto
comerme un dientecito frío.
Mirá, vos leéte las novelas más rosadas,
fijate que la gente nace, llora
y después se multiplica
sonriente por las calles.
Y cuando a través
de ardorosas reflexiones
y gracias precisas conclusiones,
descubrás los minúsculos clavitos
que unen y equilibran
la bronca o la ternura,
la circunstancia social, los sueños,
y todo lo que relacionamos a la felicidad.
Acercate a mis manos que te buscan,
vivamos el hoy, hasta la hora última
y mañana
mañana florecerán otros almendros,
la vida seguirá su curso,
nuevos seres volátiles surcarán alegres
el eterno cielo de setiembre.
cómo fue que comenzamos
a humedecernos y tocarnos.
Vos eras la mujer elegida,
lo mismo que pudo ser otra
cualquiera que naciera
alrededor de los años dorados
en que asomaste tus cabellos a este mundo.
Porque en el momento más feliz,
en medio de la mejor caricia
pude haberte abandonado
y ser de nuevo dichoso
amando un cuadro, un árbol, un paisaje
con sólo anular una glándula en mi tiempo
o aturdirme a percusiones los instintos.
Quizá nos hemos conocido
en momentos muy difíciles.
Vos recién emergiendo
desde una dimensión sumisa,
buscando el rumbo
de tu condición humana.
Y yo cansado de muchachas frívolas
que me acercaban unos besos desprolijos
y eran incapaces de ganar la noche
en la hora mejor para mirar la luna.
Así nos hemos conocido
en medio del hervor más frío
de una dimensión desesperada.
Eso fue lo esencial y ya no importa
si nuestro encuentro fue en el mar,
en un bosque donde la flora
era un erizal de engaños
o tirados en un mismo colchón
a causa de un error inexplicable.
El tiempo fue un invento necesario
cuando la intensidad
aún no reemplazaba a la experiencia.
Yo no puedo asegurar
si detrás de tus besos,
detrás de tus caricias
hubo amor .
Esa copita con sabor a todo
o solamente una pasión irresistible,
suavidad de carne que busca la adherencia.
A mi también me gusta
sin embargo.
Venir del fuego y de pronto
comerme un dientecito frío.
Mirá, vos leéte las novelas más rosadas,
fijate que la gente nace, llora
y después se multiplica
sonriente por las calles.
Y cuando a través
de ardorosas reflexiones
y gracias precisas conclusiones,
descubrás los minúsculos clavitos
que unen y equilibran
la bronca o la ternura,
la circunstancia social, los sueños,
y todo lo que relacionamos a la felicidad.
Acercate a mis manos que te buscan,
vivamos el hoy, hasta la hora última
y mañana
mañana florecerán otros almendros,
la vida seguirá su curso,
nuevos seres volátiles surcarán alegres
el eterno cielo de setiembre.