Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
VUELTA
Ciclos que imprecan un dejo
con su escándalo de números.
Rotar de cifras hiriendo relojes
cortando de tajo las impaciencias
en las salas donde el sol coarta
y la luz es diametralmente opuesta
a las hazañas.
Devoluciones que dan su giro
y son el mismo espejo
sus clientes anormales
sus gélidos alientos que a nadie comprometen
porque no podrán ya coaccionar la vida
en su tendedero de islas fugaces
cegadas de lluvia paralela.
Sino y violencia de auroras
todo retorna a su centro de dicha,
a su delgado pleamar de espera.
Y uno vuelve venciendo escaleras
trepando el lomo del libro indeclinable,
cruzando herido entre atrios y naves
como quien revienta escolios frente al mar
a quien lo agita una angustia
cada vez que hace su siesta en mitad de la tarde.
Ciclos que imprecan un dejo
con su escándalo de números.
Rotar de cifras hiriendo relojes
cortando de tajo las impaciencias
en las salas donde el sol coarta
y la luz es diametralmente opuesta
a las hazañas.
Devoluciones que dan su giro
y son el mismo espejo
sus clientes anormales
sus gélidos alientos que a nadie comprometen
porque no podrán ya coaccionar la vida
en su tendedero de islas fugaces
cegadas de lluvia paralela.
Sino y violencia de auroras
todo retorna a su centro de dicha,
a su delgado pleamar de espera.
Y uno vuelve venciendo escaleras
trepando el lomo del libro indeclinable,
cruzando herido entre atrios y naves
como quien revienta escolios frente al mar
a quien lo agita una angustia
cada vez que hace su siesta en mitad de la tarde.
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