Bender Carvajal
Poeta recién llegado
(Poema inconcluso a mi hija…
¿Han visto las primeras mariposas
de septiembre
temblado sobre pétalos y hojas,
sus vuelos de diamantes
circundando la luz,
el aleteo del océano colorido
que pareciera pintar el aire…?
Susan tiene las estaciones
hechas trozos de alegría
bajo los párpados,
es dueña de la jornada,
maquilladora de las olas
en Algarrobo,
colorea pavimentos en San Bernardo,
resplandece la tarde,
tiene las pupilas dispersas
en arcoíris, en claros de luna,
cual si la noche y el día
reposaran en reverencia
y se trazaran el alba.
Se viste los ojos de atardeceres
en la cordillera
y tiene ese brillo propio
de las cosas que se nos quedan
en la inocencia…
Pero a veces la miro
y me mira,
y se me arruga el corazón
desde sus ojos…
Ella tiene cierta pena
con horario de juventud,
como una flecha
rebasa las alegrías, a veces,
y el cafetal de su mirada alicaída
se camufla bajo el arco
con que la boca le muerde
las mejillas.
Susan no habla de penas,
no dice de llantos,
no tiene los ojos
más que inundados de pétalos,
y de pájaros, y de cielo,
pero la mirada se le va, a veces,
como si los ojos le naufragaran,
y se nos pierde,
nos la lleva su tierra,
su quimera privada,
se aleja con su bandada
de sueños y de ausencias
como una niña juguetona
que no tiene noción
ni de riquezas ni de pobrezas…
No canta, pero tiene voz de viento,
no dice derrotada,
pero siente, a veces,
que es mejor no decir nada,
no es un copo de nieve
derritiéndose al amanecer,
pero a veces inexplicablemente
voltea para secarse los ojos
y volver a sonreír…
Mi preciosa niña
cultiva ensueños entre los pétalos
de sus párpados,
sueña puertas abiertas
de par en par,
anegados senderos,
tapizados campos,
sueña con su propio idioma
de los ojos sonriendo
cada vez que la quiero mirar…
¿Han visto las primeras mariposas
de septiembre
temblado sobre pétalos y hojas,
sus vuelos de diamantes
circundando la luz,
el aleteo del océano colorido
que pareciera pintar el aire…?
Susan tiene las estaciones
hechas trozos de alegría
bajo los párpados,
es dueña de la jornada,
maquilladora de las olas
en Algarrobo,
colorea pavimentos en San Bernardo,
resplandece la tarde,
tiene las pupilas dispersas
en arcoíris, en claros de luna,
cual si la noche y el día
reposaran en reverencia
y se trazaran el alba.
Se viste los ojos de atardeceres
en la cordillera
y tiene ese brillo propio
de las cosas que se nos quedan
en la inocencia…
Pero a veces la miro
y me mira,
y se me arruga el corazón
desde sus ojos…
Ella tiene cierta pena
con horario de juventud,
como una flecha
rebasa las alegrías, a veces,
y el cafetal de su mirada alicaída
se camufla bajo el arco
con que la boca le muerde
las mejillas.
Susan no habla de penas,
no dice de llantos,
no tiene los ojos
más que inundados de pétalos,
y de pájaros, y de cielo,
pero la mirada se le va, a veces,
como si los ojos le naufragaran,
y se nos pierde,
nos la lleva su tierra,
su quimera privada,
se aleja con su bandada
de sueños y de ausencias
como una niña juguetona
que no tiene noción
ni de riquezas ni de pobrezas…
No canta, pero tiene voz de viento,
no dice derrotada,
pero siente, a veces,
que es mejor no decir nada,
no es un copo de nieve
derritiéndose al amanecer,
pero a veces inexplicablemente
voltea para secarse los ojos
y volver a sonreír…
Mi preciosa niña
cultiva ensueños entre los pétalos
de sus párpados,
sueña puertas abiertas
de par en par,
anegados senderos,
tapizados campos,
sueña con su propio idioma
de los ojos sonriendo
cada vez que la quiero mirar…
Última edición por un moderador: