Solaribus
Poeta veterano en el portal
Me asomé al balcón de tu mirada.
Me prestaste tus ojos de asombro detenido.
Y como si fuera un regalo maravilloso, incuestionable, portentoso,
abriste para mí aquél horizonte y esa porción de tu cielo infinito.
No había en aquél cúmulo nada que no fuera tuyo
y acaso nada que no fuera mío.
E impregnados de un perfume de flores,
de esas tan exquisitas que duran una noche,
comprendimos que la vida era tan sólo la lucha
por meter dentro del alma aquella lluvia de luces blancas
con el aspirar previo de un suspiro.
Que el universo es ancho... y alto... y profundo...
...Y que no existen caminos...
Última edición: