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Por la senda hay una fuente
que el sediento la arregló;
con el agua entre los dientes,
que a su caño se amorró.
Pensando pertinente
en quien la hizo la plantó,
no hablaría de la fuente
siendo un río que salió.
En el río el agua llueva,
en la fuente se durmió,
y en un pájaro que es puente
desde el cielo nos llovió.
Cante el padre,
cante el hijo,
cante afable
por el pico
que subió;
y si hay madre incalculable,
loable sea moldeable
en los saltos que parió.
Soy el grifo detestable,
todo labio es mi pasión,
quien se enrosque bien la llave
se le alivia la tensión.
Tú verías,
tuberías
tuneables,
yo sufriendo,
mal diciendo
por las aguas de tu amor.
Jeroglíficos nos hablen
de artificio catador,
pebetero celebérrimo,
holocausto aventador;
de los morros en arrimos
pendan aros de pavor,
queden garras de racimos,
y en las metas de lo ubérrimo
sacian sedes en tu honor.
Hay cascadas de lo acérrimo
que llegan de un balcón,
que por blanco es nigérrimo,
y en sus lances vivo yo.
Por la senda hay una fuente
que el sediento la arregló;
con el agua entre los dientes,
que a su caño se amorró.
Pensando pertinente
en quien la hizo la plantó,
no hablaría de la fuente
siendo un río que salió.
En el río el agua llueva,
en la fuente se durmió,
y en un pájaro que es puente
desde el cielo nos llovió.
Cante el padre,
cante el hijo,
cante afable
por el pico
que subió;
y si hay madre incalculable,
loable sea moldeable
en los saltos que parió.
Soy el grifo detestable,
todo labio es mi pasión,
quien se enrosque bien la llave
se le alivia la tensión.
Tú verías,
tuberías
tuneables,
yo sufriendo,
mal diciendo
por las aguas de tu amor.
Jeroglíficos nos hablen
de artificio catador,
pebetero celebérrimo,
holocausto aventador;
de los morros en arrimos
pendan aros de pavor,
queden garras de racimos,
y en las metas de lo ubérrimo
sacian sedes en tu honor.
Hay cascadas de lo acérrimo
que llegan de un balcón,
que por blanco es nigérrimo,
y en sus lances vivo yo.