legendario
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando te vayas,
abre despacio el corazón,
sutura el alma;
guarda la escoba tras la puerta
después de dejar
en el alcoba un nada;
luego, ciérrame el pecho;
no olvides el cerrojo
de la aldaba,
obtura a precisión
esos resquicios,
que no se escape a gorgoteos
la esperanza;
y canta,
que pugna en desatarse
el nudo en tu garganta.
Y así, ya suelta,
sin amarras,
esfúmate cuanto antes,
borra las huellas,
que se pierdan para siempre
tus pisadas;
y vuela,
que mi pecho para ti,
es una jaula
Y cuando el vuelo emancipado,
con la complicidad del tiempo
quiebren en desconcierto
ya tus alas;
yo estaré allí,
dispuesto a destapar
esos resquicios,
corriendo aquel cerrojo
de la aldaba;
abriendo el pecho,
desgarrando el alma;
y calentando el nido
que un día para ti,
era una Jaula
abre despacio el corazón,
sutura el alma;
guarda la escoba tras la puerta
después de dejar
en el alcoba un nada;
luego, ciérrame el pecho;
no olvides el cerrojo
de la aldaba,
obtura a precisión
esos resquicios,
que no se escape a gorgoteos
la esperanza;
y canta,
que pugna en desatarse
el nudo en tu garganta.
Y así, ya suelta,
sin amarras,
esfúmate cuanto antes,
borra las huellas,
que se pierdan para siempre
tus pisadas;
y vuela,
que mi pecho para ti,
es una jaula
Y cuando el vuelo emancipado,
con la complicidad del tiempo
quiebren en desconcierto
ya tus alas;
yo estaré allí,
dispuesto a destapar
esos resquicios,
corriendo aquel cerrojo
de la aldaba;
abriendo el pecho,
desgarrando el alma;
y calentando el nido
que un día para ti,
era una Jaula