Loco
Poeta fiel al portal
Suena Nina Simone
y su voz de gata me araña
con balas rotas llenas de pena.
Sólo veo bailar ondulantes neones,
en humo qué sube húmedo y denso.
Lágrimas olvidadas, no lloradas,
Son el trago que arrasa,
y cedo cuerdo a la caída.
No hablo por mi garganta quemada,
por noches grises de alcohol,
por huidizas timbas de farol,
por tetas encorsetadas en vinilo,
y años de loco sin sentido.
Ya ves, soy el capo del silencio.
Nací tirado en una cloaca,
Mi cuna fue orín y cartón seco.
Crecí entre mentiras y estafas,
mi escuela fue la penumbra de la farola
y después romperla a pedradas.
Antes te den, tú dispara con rabia,
es el credo de los sin ley,
Cuatro Rosas frías me calman
de amores fugaces e imposibles,
de ser castigo de inocentes almas,
Para mí son sólo dianas invisibles.
38 corto en el sobaco
limpio, certero hará el encargo.
Cae ceniza en el asfalto,
La lluvia lava el rojo rastro.
pólvora es incienso de funerala
en mis tacones de himno de estampida
grabando su solitaria lápida
en ese callejón lleno de ratas.
Melodía de perdedor, blues de heridas
abiertas en la madrugada
ahora acompañan mi conciencia,
olvidada en la adolescencia.
Tú o yo, no hay salida,
sólo un pijama de pino
sin almidón, ni apresto,
vestiremos el domingo.
Repican campanas en la barra de estaño
con mis nudillos al son del tres por cuatro.
Detrás de mi sombrero calado
resuenan sirenas de uniformes azules
torpes ignorantes sin saber buscar dónde.
Mueca audaz, ironía en mis labios,
no levantar los ojos, apurar el trago
mientras unas caderas licuan
de mi sucia e inmoral mirada
y otro trago quema mi hígado
endulzado en humo espeso de tabaco.
“Sirve otra copa mi reina,
tal vez mañana ¿Sabes?
sea mi pecho un cráter abierto,
sea mis zapatos cemento
para arrecife de alimento de acuario”
Sales de la barra, cierras el cierre despacio,
la cremallera suena cómo un tren expreso.
“Dame un beso robado, la noche cómo sabes príncipe
La reinan los gatos sin dueño, rotos y descamisados”
Suena Nina Simone,
y mis manos guían una cintura adrede coja
dónde mi ventilador ruge nocturno
la balada de los perdedores.
Pero a mi lado hoy suda
piel fluorescente y rosada
de otro ángel caído en el arroyo.
Y Nina nos da el sopor de la incertidumbre,
de querer olvidar este negro mundo
en un beso de la araña metálica.
y su voz de gata me araña
con balas rotas llenas de pena.
Sólo veo bailar ondulantes neones,
en humo qué sube húmedo y denso.
Lágrimas olvidadas, no lloradas,
Son el trago que arrasa,
y cedo cuerdo a la caída.
No hablo por mi garganta quemada,
por noches grises de alcohol,
por huidizas timbas de farol,
por tetas encorsetadas en vinilo,
y años de loco sin sentido.
Ya ves, soy el capo del silencio.
Nací tirado en una cloaca,
Mi cuna fue orín y cartón seco.
Crecí entre mentiras y estafas,
mi escuela fue la penumbra de la farola
y después romperla a pedradas.
Antes te den, tú dispara con rabia,
es el credo de los sin ley,
Cuatro Rosas frías me calman
de amores fugaces e imposibles,
de ser castigo de inocentes almas,
Para mí son sólo dianas invisibles.
38 corto en el sobaco
limpio, certero hará el encargo.
Cae ceniza en el asfalto,
La lluvia lava el rojo rastro.
pólvora es incienso de funerala
en mis tacones de himno de estampida
grabando su solitaria lápida
en ese callejón lleno de ratas.
Melodía de perdedor, blues de heridas
abiertas en la madrugada
ahora acompañan mi conciencia,
olvidada en la adolescencia.
Tú o yo, no hay salida,
sólo un pijama de pino
sin almidón, ni apresto,
vestiremos el domingo.
Repican campanas en la barra de estaño
con mis nudillos al son del tres por cuatro.
Detrás de mi sombrero calado
resuenan sirenas de uniformes azules
torpes ignorantes sin saber buscar dónde.
Mueca audaz, ironía en mis labios,
no levantar los ojos, apurar el trago
mientras unas caderas licuan
de mi sucia e inmoral mirada
y otro trago quema mi hígado
endulzado en humo espeso de tabaco.
“Sirve otra copa mi reina,
tal vez mañana ¿Sabes?
sea mi pecho un cráter abierto,
sea mis zapatos cemento
para arrecife de alimento de acuario”
Sales de la barra, cierras el cierre despacio,
la cremallera suena cómo un tren expreso.
“Dame un beso robado, la noche cómo sabes príncipe
La reinan los gatos sin dueño, rotos y descamisados”
Suena Nina Simone,
y mis manos guían una cintura adrede coja
dónde mi ventilador ruge nocturno
la balada de los perdedores.
Pero a mi lado hoy suda
piel fluorescente y rosada
de otro ángel caído en el arroyo.
Y Nina nos da el sopor de la incertidumbre,
de querer olvidar este negro mundo
en un beso de la araña metálica.
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