Hada
Poeta fiel al portal
Entelequias
Me crié de puntillas sobre los pies de mi abuelo
en la sala donde todos los pianos dormían,
él silbaba, aún la reminiscencia me contagia
de la extrañeza que monta al lomo de todo tiempo;
yo no sabía entonces que él marcaba el paso
de todo aquello inolvidable en mi humanidad;
y él pecaba en la ignorancia
de que ese pensamiento triste que se baila*
y que bailábamos en tardes desconocidas,
sería luego el ritmo de las letras en las que me vivo,
en las que me acongojo, los versos australes en los que me lloro.
Crecí con huesos de Domingo
a veces testaruda pero siempre amable
y tengo porte de Gualtiero,
su ternura implacable, su atención infinita;
mis venas de España y de Italia
son el acueducto emocional
de tanta historia condensada,
de siglos ignotos
que hacen escala en el corazón de la memoria
y en la poética de cada latido me encumbran el pecho.
Tana, Anna, tanísima.
Y en realidad, jamás quise entender las pertenencias.
Concibo que creerme costilla de una tierra,
específica de un idioma o cosquilla de una cultura
es lo mismo que nombrarme límite
y mis padres me hicieron en la idea
de que ni el cielo debe ser quimérico
para los bordes añejos de mis uñas.
Moldeada en arcilla con ternura de Leonor,
en cerámica con sabiduría de Carla
con la voluntad y devoción de ambas;
mis pies son su camino y mi voz es un eco que las abraza.
Amada, Anna, amadísima.
Y aún así, el amor se requiebra en el suelo
sin saber qué destino y qué acrobacias
aúllan al fin detrás de tanta puerta.
Con la curiosidad de mi madre,
con sus vuelos bohemios
y con el empeño de mi padre,
con su tenacidad y fortaleza;
a ellos les consagro todo,
hasta el impulso de cada respiro,
ya ni la integridad de mi dialéctica
sino cada consonante y cada vocal
y las mil y un formas que adquieren,
pues no sería sin ellos vocal, ni consonante,
ni dialéctica, ni resquicio, ni cuerpo,
ni este espacio intermedio en el que me preciso.
Viva, Anna, vivísima.
Veinticinco años, trescientos meses,
casi diez mil días
y los más feroces, los segundos,
en los que la existencia es un cadáver
que cuelga de la aguja de un reloj.
Soy también una caja de música
que desde la infancia desnuda
resuena en canciones similares,
muchas veces ahondo en la tristeza
de sentirme tan real y no poder contenerlo,
todo se va por las grietas de las dimensiones
que se atolondran sobre sí mismas
como el hojaldre de la lluvia
y todas las vidas que mi alma tuvo
se sienten confusas y me increpan;
las multitudes hacen coro en esto que soy,
un recipiente de algas que pernoctan.
El mar constante abre ventanas y cortinas en mis ojos
y mi espíritu es un albergue acuoso y sensible
que esconde las cosas más insólitas
que uno puede encontrar en un cajón de delirios.
Extraña, Anna, extrañísima.
Y es en este lugar exacto, donde lo alcanzo todo,
donde la crónica cobra sentido,
esta es la savia de mis ciclos,
el néctar absoluto y ancestral
que dormita en cada célula,
es este el núcleo del núcleo
donde todos mis restos
quieren ser poema.
[video=youtube;bbdakZjHTys]http://www.youtube.com/watch?v=bbdakZjHTys[/video]
_____________________________________________
Previo al 7 de octubre, mi cumpleaños, nació este poema. Me faltó mucha gente en él, pero no quería que fuera algo eterno, por mucho que me encantaría. Faltó Celia, mi hermana, que fue la primera que me enseñó a leer y a escribir. Mi hermano, Pablo, que es sin duda un modelo a seguir. Mi sobrina Isabella a quien ya le hice un poema anteriormente y que hoy es la luz de mis ojos. Y el resto de mi familia que los adoro, así como también mis amigos. Se imaginarán que si de por sí quedó largo el asunto, si los incluía a todos me escribía una novela jeje. Pero ellos ya saben que siempre están en mi corazón.
En el poema si están mi mamá y mi papá, Zulma y Roberto. Los amo.
Mi abuelo Domingo que ya no está conmigo, al igual que mi abuela Carla. Los amo.
Mi abuelo Gualtiero y mi abuela Leonor. Los amo.
*Hay un verso en cursiva en la segunda estrofa que es de Discépolo.
A quien fui, a quien soy, a quien seré.
A quienes me hicieron como soy.
A quienes me hicieron como soy.
♫♪Milonga del ángel-Astor Piazzolla
Soy del territorio del tango y la milonga.
Soy del territorio del tango y la milonga.
Me crié de puntillas sobre los pies de mi abuelo
en la sala donde todos los pianos dormían,
él silbaba, aún la reminiscencia me contagia
de la extrañeza que monta al lomo de todo tiempo;
yo no sabía entonces que él marcaba el paso
de todo aquello inolvidable en mi humanidad;
y él pecaba en la ignorancia
de que ese pensamiento triste que se baila*
y que bailábamos en tardes desconocidas,
sería luego el ritmo de las letras en las que me vivo,
en las que me acongojo, los versos australes en los que me lloro.
Crecí con huesos de Domingo
a veces testaruda pero siempre amable
y tengo porte de Gualtiero,
su ternura implacable, su atención infinita;
mis venas de España y de Italia
son el acueducto emocional
de tanta historia condensada,
de siglos ignotos
que hacen escala en el corazón de la memoria
y en la poética de cada latido me encumbran el pecho.
Tana, Anna, tanísima.
Y en realidad, jamás quise entender las pertenencias.
Concibo que creerme costilla de una tierra,
específica de un idioma o cosquilla de una cultura
es lo mismo que nombrarme límite
y mis padres me hicieron en la idea
de que ni el cielo debe ser quimérico
para los bordes añejos de mis uñas.
Moldeada en arcilla con ternura de Leonor,
en cerámica con sabiduría de Carla
con la voluntad y devoción de ambas;
mis pies son su camino y mi voz es un eco que las abraza.
Amada, Anna, amadísima.
Y aún así, el amor se requiebra en el suelo
sin saber qué destino y qué acrobacias
aúllan al fin detrás de tanta puerta.
Con la curiosidad de mi madre,
con sus vuelos bohemios
y con el empeño de mi padre,
con su tenacidad y fortaleza;
a ellos les consagro todo,
hasta el impulso de cada respiro,
ya ni la integridad de mi dialéctica
sino cada consonante y cada vocal
y las mil y un formas que adquieren,
pues no sería sin ellos vocal, ni consonante,
ni dialéctica, ni resquicio, ni cuerpo,
ni este espacio intermedio en el que me preciso.
Viva, Anna, vivísima.
Veinticinco años, trescientos meses,
casi diez mil días
y los más feroces, los segundos,
en los que la existencia es un cadáver
que cuelga de la aguja de un reloj.
Soy también una caja de música
que desde la infancia desnuda
resuena en canciones similares,
muchas veces ahondo en la tristeza
de sentirme tan real y no poder contenerlo,
todo se va por las grietas de las dimensiones
que se atolondran sobre sí mismas
como el hojaldre de la lluvia
y todas las vidas que mi alma tuvo
se sienten confusas y me increpan;
las multitudes hacen coro en esto que soy,
un recipiente de algas que pernoctan.
El mar constante abre ventanas y cortinas en mis ojos
y mi espíritu es un albergue acuoso y sensible
que esconde las cosas más insólitas
que uno puede encontrar en un cajón de delirios.
Extraña, Anna, extrañísima.
Y es en este lugar exacto, donde lo alcanzo todo,
donde la crónica cobra sentido,
esta es la savia de mis ciclos,
el néctar absoluto y ancestral
que dormita en cada célula,
es este el núcleo del núcleo
donde todos mis restos
quieren ser poema.
[video=youtube;bbdakZjHTys]http://www.youtube.com/watch?v=bbdakZjHTys[/video]
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Previo al 7 de octubre, mi cumpleaños, nació este poema. Me faltó mucha gente en él, pero no quería que fuera algo eterno, por mucho que me encantaría. Faltó Celia, mi hermana, que fue la primera que me enseñó a leer y a escribir. Mi hermano, Pablo, que es sin duda un modelo a seguir. Mi sobrina Isabella a quien ya le hice un poema anteriormente y que hoy es la luz de mis ojos. Y el resto de mi familia que los adoro, así como también mis amigos. Se imaginarán que si de por sí quedó largo el asunto, si los incluía a todos me escribía una novela jeje. Pero ellos ya saben que siempre están en mi corazón.
En el poema si están mi mamá y mi papá, Zulma y Roberto. Los amo.
Mi abuelo Domingo que ya no está conmigo, al igual que mi abuela Carla. Los amo.
Mi abuelo Gualtiero y mi abuela Leonor. Los amo.
*Hay un verso en cursiva en la segunda estrofa que es de Discépolo.
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::. Muchísimas gracias por tu hermosísimo y sincero comentario Marce, de verdad que me llegó mucho