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Rubhyo
Invitado
Tú, lucero del alba
Que ante mi amaneces,
y alumbrando me enterneces…
A ti, beso del Universo,
porque no puedo gritar tu nombre,
deposito este amoroso verso,
ante todos y que nadie se asombre…
Mas en continua permanencia,
vibración del infinito estelar,
en el alma sutil esencia,
converge ante nuestro mirar…
Siendo Venus luz y estandarte,
gestante en la noche callada,
trasciende la paz tan solo al mirarte,
al aflorar en luminosa alborada…
Que ante mi alma amaneces,
y alumbrando me enterneces…
¡Tú, lucero del alba!
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Mi bello escritor, hermoso, hermoso escrito
que dedicas al amanecer luminiscente de estrellas.
Las estrellas, especialmente las
que tiritan y tilitan, son las más
maravillosas, uno las ve y siente
que sus aristas respiran, suspiran,
abrazan, escuchan y sorprenden
con su voz de luz al Universo que
los escucha atento, embelesado, enamorado.
Cuando miras una estrella te preguntas cómo
se llama, o te saltas ésta pregunta y la identificas
con un nombre, o buscas su nombre en alguna fuente de Astronomia,
o simplemente la admiras, sin preguntas ni respuestas,
también es una forma válida de contemplar las estrellas,
y al hacerlo es una forma de admirar la Creación Divina en una
sola mirada, en un fragmento de tiempo que se despide rapido pero
que nuestra mente no borra, porque todo lo que aviva, despierta,
y agita el Espiritu humano en belleza, en paz, en armonia, se esculpe para siempre
en todo nuestro Ser, recordandonos siempre que todo cuanto existe
fue creado para nuestro Bien-Estar.
Tiritantes estrellas,
medallas en tu pecho,
luz resplandeciente
en la noche silente,
palpitar eterno que
no conocerá el averno.
Abrazos estrellados al lucero del Alba que enternece
toda tu creación.
Rubhyo.
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