Baladas negras VI. Tahúr

Loco

Poeta fiel al portal
A ciegas sin ver los naipes caen,
cómo cada mañana el verme en el espejo
mis párpados de fichas moradas.
Póker descubierto, alma sin aliento,
vivir sin saber que es una morada,
me espera en esa escalera sin límite abierto.
Vuelan dos nubes cuadradas de nácar rojo
a mis manos de eficaz mentiroso;
doblo las esquinas y me dictan
que haga la apuesta, despacio sin mostrar
ni un atisbo del futuro, ni el pasado
a estos pardillos de mi lado.
Agujas de reloj que escupen machacantes redondos,
y tres escondidas se desnudan en el verde tapete.
Sudores imperceptibles, tics nerviosos, detrás mis cristales
observo impávido , y Escarlett me trae mi combinado.
Antes de que ese culo desaparezco en la niebla,
una mueca la pregunta sí hay Perignon en la nevera.
Mirlo blanco, tahúr de hígado destrozado, magnate del acero…
Un sin par de plumas para mi saco lleno veo
al otro lado de mi silla de espía del miedo.
Cuarta calle se abre tras la ronda, un as
se asoma con su corazón latiendo en mi puzle.
Se van los faroles, se retiran los cobardes.
Quinta que cae boca arriba y la suerte hizo su juego.
Mujeres que nunca supe amar, sino estaban vestidas
de dama medieval y me guiñan un ojo desde su trono
de celulosa y bordes que cortan redondos.
Vida que hemos de saber jugar, sin tener el barajeo
de los momentos fugaces e inciertos.
Yo sin techo, viviendo de cuidad en cuidad,
mi hogar es dónde dejo mi sombrero,
jamás le he debido a un banquero.
Ya somos dos los únicos púgiles de la luz mortecina.

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El humo mudo nos seca los labios, él hace de perro que muerde,
yo sólo sonrío y un voy a por todo, la muerte o la vida
en el verde campo de batalla
de corazones, diamantes, tréboles y picas.
Se descubre una primera carta que hace pareja,
con la segunda un trío en un suspiro
y un alboroto brama del resto de la mesa.
Full de ases reinas, bonita jugada, para una madrugada.
Su cara es una oda de victoria, miles de pavos le llaman.
Me mira y me dice, con el rostro del vencedor:
Hoy era mi noche, creo la suerte me hizo compañía.
Avanzan sus espoliadoras garras a coger esa cuidad
de multicolores fichas redondas, y mi mano afloja
el gatillo del cazador en las sombras,
se desnuda el primer francotirador con sabor a pólvora.
Llega certera la primera bala, salta un corazón
que vomita sangre de mirlo confiado.
Bebo un trago de mi veneno calmante,
la segunda brillante le raspa el alma de incauto.
Veo plumas volar desde el otro lado
de esa mesa de fracasos y sueños.
As de diamantes, as de silencio en los perdedores.
Póker de ases sobre la mesa y se rompió el límite de la escalera.
Cara de asustado, sudor en la frente, ha dejado su vida
en este juego de truhanes y viciosos instintos.
Recojo sin mirar su faz de muerto andante.
Sale de la sala, y un detonador resuena en el patio.
Otro pájaro hará hueco en el cielo y lloverán
lágrimas de viuda y llanto de huérfanos.
Tal vez un día esa bala sea para mí en pleno,
pero por ahora la racha está de mi lado,
Eso espero, mientras voy a llevar a Escarlett
a cenar en el Hilton, y después
dejar en la suite una noche mi sombrero.


Me disculpo pero no tengo más tiempo que para dejaros esta balada, que la verdad, no sé sí es muy a tono con las demás. No os la jueguéis amigos.
 
Me gustó su poema. Gracias.
Queda su agradable lectura en mis recuerdos. Gracias.
Sanchopanza, Su amigo.
Estrellas de esas.
 
Pues a mí me gusta, arriesgarse es de valientes. Aunque sigo diciendo que aquí la que sale mas ventajosa ha sido Escarlett.

Tomo tu sombrero y lo cubro de estrellas, y tus labios de besos.
 
Pues a mí me gusta, arriesgarse es de valientes. Aunque sigo diciendo que aquí la que sale mas ventajosa ha sido Escarlett.

Tomo tu sombrero y lo cubro de estrellas, y tus labios de besos.

Gracias por esos elogios y esas estrellas. Pero la valentia es virtud de pocos, y posiblemente mía no lo es.
Ya te madaré un sombrero.
besos locos.
 

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