Quinto Brena
Poeta adicto al portal
Me quema un fuego al palpar tu alma.
Siempre incontenible,
siempre llena de recuerdos densos;
a veces como el humo,
oscuros y llenos de fantasmas;
a veces transparentes
como agua de manantiales.
Ahí pinta el destino tus contrastes,
dibujando líneas en tus ojos,
marcando tu piel de besos rojos,
y tus recuerdos de los pasos
de la vida estéril.
Te busco hasta saciarme.
Tengo hambre de ti hasta enloquecer.
Rio y lloro.
Arrojo pensamientos al aire.
Mis ojos como débil barco,
son al verte tal alta,
tiránica,
esbelta;
y tú como tormenta
inundando mis ideas,
como una medusa abarca
con sus ligas a su presa.
Alrededor la distancia te separa del deseo.
Fría eres, como frio es el azul del mar.
Fría como el invierno,
como el viento que quema,
como lacios tus cabellos,
como tersas tus manos,
como inertes tus ojos,
cansados de la vida y del hacer
al cruzar las memorias tus nervios;
mas ahora eres caliente,
hierven tu venas,
brillan tus ojos,
y tus brazos me enredan
mezclándome en la sustancia
de tu piel.
Ahora eres aire, luego eres mar;
de día digna, de noche desnuda;
a veces medicina
y a veces letal;
primero secretos y luego tan pública;
tan suave como un pétalo,
y también tan dura
como el metal.
Siempre incontenible,
siempre llena de recuerdos densos;
a veces como el humo,
oscuros y llenos de fantasmas;
a veces transparentes
como agua de manantiales.
Ahí pinta el destino tus contrastes,
dibujando líneas en tus ojos,
marcando tu piel de besos rojos,
y tus recuerdos de los pasos
de la vida estéril.
Te busco hasta saciarme.
Tengo hambre de ti hasta enloquecer.
Rio y lloro.
Arrojo pensamientos al aire.
Mis ojos como débil barco,
son al verte tal alta,
tiránica,
esbelta;
y tú como tormenta
inundando mis ideas,
como una medusa abarca
con sus ligas a su presa.
Alrededor la distancia te separa del deseo.
Fría eres, como frio es el azul del mar.
Fría como el invierno,
como el viento que quema,
como lacios tus cabellos,
como tersas tus manos,
como inertes tus ojos,
cansados de la vida y del hacer
al cruzar las memorias tus nervios;
mas ahora eres caliente,
hierven tu venas,
brillan tus ojos,
y tus brazos me enredan
mezclándome en la sustancia
de tu piel.
Ahora eres aire, luego eres mar;
de día digna, de noche desnuda;
a veces medicina
y a veces letal;
primero secretos y luego tan pública;
tan suave como un pétalo,
y también tan dura
como el metal.
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