No sabía donde ponerlo, no soy muy conocedor de estilos y eso. Saludos
Poema del Viejo Capitán
A ti, princesa de los cortes, que me dejaste ver
que un hombre viejo, empalmado y sin dinero no llegará a ninguna parte...
Bebiendo observo las gotas de sangre caer en el vaso.
Mi hocico de perro, de mono, se ha roto al igual que mi cabeza.
Y quebrantada la sumerjo en el agua fría donde dejo mezclada mi derrota y
al mirar el reflejo no quedan mas que huellas lodosas dejadas por un cerdo.
Dentro de la alacena veo a la bella bailarina de Charleston;
y allí estamos Bird, Dean y yo, viendo pasar los trenes gospel,
sintiendo que flotamos en el humo del cigarro.
Y en la calle con banderas de culos jóvenes navegan
contrabandistas de amor, piratas del sexo atracan la miseria
de mi puerto, me roban la bella foto de tu coño abierto y
me arrancan de tajo la última erección que llevaba en la punta
la perla que pretendía darle como collar a mi querida quinceañera.
¿Donde se correrá ahora el viejo solitario?
El hombre ebrio dibuja mapas en la bitácora de sus amores;
en la raja de tu culo, en tupida mierda esta la X prometida y
a certeza de saberla inalcanzable, el hombre resignado se limita a llorar,
harto de imaginar tu aliento frío y lo salado de tu cuello.
¿Acaso la isla de caramelo endulzará este viejo cuerpo?
y de ser así: ¿Podría usted jovencita, chupar aquí?
Y miro por última vez la Aurora del Norte de la ciudad,
miro las estrellas reflejadas en el agua clorada,
el cofre en mi bolsillo me permite un último trago,
y se que te encontraré sola al fondo del vaso.
Donde hadas enseñan a cojer al Capitán pata de falo,
donde vuelvo a navegar los mares negros para sentir
al amanecer el viento fresco en los cojones,
donde mi pija de midas convierte en oro tu boca...
Bebiendo observo espirales de sangre elevarse al cielo.
Desde el fondo de la alberca mis brazos rotos parecen
viboras aterradoras, su veneno rojo fluye despacio;
esta marea no podrá tocarte, sus olas no te alcanzarán jamás.
Poema del Viejo Capitán
A ti, princesa de los cortes, que me dejaste ver
que un hombre viejo, empalmado y sin dinero no llegará a ninguna parte...
Bebiendo observo las gotas de sangre caer en el vaso.
Mi hocico de perro, de mono, se ha roto al igual que mi cabeza.
Y quebrantada la sumerjo en el agua fría donde dejo mezclada mi derrota y
al mirar el reflejo no quedan mas que huellas lodosas dejadas por un cerdo.
Dentro de la alacena veo a la bella bailarina de Charleston;
y allí estamos Bird, Dean y yo, viendo pasar los trenes gospel,
sintiendo que flotamos en el humo del cigarro.
Y en la calle con banderas de culos jóvenes navegan
contrabandistas de amor, piratas del sexo atracan la miseria
de mi puerto, me roban la bella foto de tu coño abierto y
me arrancan de tajo la última erección que llevaba en la punta
la perla que pretendía darle como collar a mi querida quinceañera.
¿Donde se correrá ahora el viejo solitario?
El hombre ebrio dibuja mapas en la bitácora de sus amores;
en la raja de tu culo, en tupida mierda esta la X prometida y
a certeza de saberla inalcanzable, el hombre resignado se limita a llorar,
harto de imaginar tu aliento frío y lo salado de tu cuello.
¿Acaso la isla de caramelo endulzará este viejo cuerpo?
y de ser así: ¿Podría usted jovencita, chupar aquí?
Y miro por última vez la Aurora del Norte de la ciudad,
miro las estrellas reflejadas en el agua clorada,
el cofre en mi bolsillo me permite un último trago,
y se que te encontraré sola al fondo del vaso.
Donde hadas enseñan a cojer al Capitán pata de falo,
donde vuelvo a navegar los mares negros para sentir
al amanecer el viento fresco en los cojones,
donde mi pija de midas convierte en oro tu boca...
Bebiendo observo espirales de sangre elevarse al cielo.
Desde el fondo de la alberca mis brazos rotos parecen
viboras aterradoras, su veneno rojo fluye despacio;
esta marea no podrá tocarte, sus olas no te alcanzarán jamás.