Cae la lluvia y los árboles enarcan sus ramas para recibir las caricias frescas en sus hojas.
Clima gélido que penetra su piel blanca e inerte, trémula por el frío.
Solícito corre el hidalgo en busca de sus más extensas y sedosas sabanas, para cobijar y calentar su rígido cuerpo.
Noches glaciales y agradables, momentos de fatiga, almas angustiadas, cuerpos indolentes que encuentran el descanso en el amoldable y confortante lecho, cuna en donde se encienden los deseos más placenteros.
Están el y ella, en esas noches como habitantes pueblerinos, que entre tertulias y conversaciones interminables, pernoctan, cubiertos por la lumbre tenue de la luna, mientras el grillo canta la serenata en el indefectible concierto de su trinar.
¡Allí oh amada! nos encontramos, temblamos de frío, momento propicio para que nuestros cuerpos se unan y se calienten, mientras las miradas fijas se pierden en la chispeante luz de la fogata, en el tórrido fogón la leña se consume, despiertan las mórbidas pasiones de voluptuosos deseos.
FABIAN MUÑOZ MADID
Clima gélido que penetra su piel blanca e inerte, trémula por el frío.
Solícito corre el hidalgo en busca de sus más extensas y sedosas sabanas, para cobijar y calentar su rígido cuerpo.
Noches glaciales y agradables, momentos de fatiga, almas angustiadas, cuerpos indolentes que encuentran el descanso en el amoldable y confortante lecho, cuna en donde se encienden los deseos más placenteros.
Están el y ella, en esas noches como habitantes pueblerinos, que entre tertulias y conversaciones interminables, pernoctan, cubiertos por la lumbre tenue de la luna, mientras el grillo canta la serenata en el indefectible concierto de su trinar.
¡Allí oh amada! nos encontramos, temblamos de frío, momento propicio para que nuestros cuerpos se unan y se calienten, mientras las miradas fijas se pierden en la chispeante luz de la fogata, en el tórrido fogón la leña se consume, despiertan las mórbidas pasiones de voluptuosos deseos.
FABIAN MUÑOZ MADID
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