Jeison
Poeta fiel al portal
1
A la parda mirada de apenas una estrella,
entre las cornisas de los Guacamayos
y el estribillo de las ostras resbalando del racimo,
se le veía desayunar, semisolitaria,
almendras con brea y canciones de cuna;
después del tiempo, incluso
de los vallenatos, los cafés y las estaciones de acero.
2
Hija mía,
en qué momento te parió tu madre.
Hasta aquí han llegado a lamentarse los días filtrados;
si uno pudiera penetrar la mano a través de los recuerdos
hija mía, si uno pudiera
con los ojos, en medio de una mirada prometedora
organizar todos los asuntos
y los días y las horas de nuestra vida,
poder decir: “Soy el que lucha por controlar las cosas”
Porque me lo he planteado,
me lo he planteado y me lo he explicado lo suficiente.
No debo darme por vencido.
3
Jamás hubiera esperado semejantes razones
para tan impetuosas circunstancias.
Poseo, si acaso, el reloj de pulso que me obsequió
mi madre para cuando cumplí mis quince
y una que otra imagen de cuando era joven,
entonces podía sonreírle a los días
y entonar canciones de Verdi o Puccini;
para cuando vuelva a suceder
posaré infraganti bajo una nueva circunstancia,
y este cuerpo mío dejará de ser polvo
para convertirse en ardua o quizá perpetua conjetura.
4
A las más altas montañas ascienden mis hermanos,
sólo el asechoso vientre de la América
encuentra en su dominio la acción para pernoctar.
El dragón y la jauría, entre el cielo y la tierra
escarban hasta en los huesos del hombre.
A nosotros, que habíamos rezado,
habíamos rezado y clamado misericordia,
se nos presentó la noche en los hoteluchos de Wetting
y no quisimos más que comer brevas y ajonjolí tostado.
El glorioso hijo del Padre
recuperará ahora su condición de hombre.
5
Mírame.
Aún puedo referirme a la extensión de los días
a través del término de mi canción,
dejar colgadas las notas en los eslabones,
fluir desde el Chopin hasta el más complejo Beethoven
y regresar de un tono hasta Bellini,
porque este asunto mío es asunto también del arte,
y porque después de tantas especulaciones
uno termina por quedarse con la más falsa consideración.
Yo no he deseado esto para mí,
en realidad, nunca he deseado nada para mí,
porque yo sé que sólo después del daño es que llega la cura,
porque la realidad a veces es realidad ingenua,
porque he de morir, ahí,
donde mueren los perros y renacen las ruinas,
carente de la palabra dicha,
carente, incluso, de la no dicha y pronunciada.
6
Ya me lo he explicado.
Ya me lo he explicado demasiado
y no tengo intenciones de volvérmelo a explicar.
Debo luchar, y no debo darme por vencido.
Jeison Villalba.
A la parda mirada de apenas una estrella,
entre las cornisas de los Guacamayos
y el estribillo de las ostras resbalando del racimo,
se le veía desayunar, semisolitaria,
almendras con brea y canciones de cuna;
después del tiempo, incluso
de los vallenatos, los cafés y las estaciones de acero.
2
Hija mía,
en qué momento te parió tu madre.
Hasta aquí han llegado a lamentarse los días filtrados;
si uno pudiera penetrar la mano a través de los recuerdos
hija mía, si uno pudiera
con los ojos, en medio de una mirada prometedora
organizar todos los asuntos
y los días y las horas de nuestra vida,
poder decir: “Soy el que lucha por controlar las cosas”
Porque me lo he planteado,
me lo he planteado y me lo he explicado lo suficiente.
No debo darme por vencido.
3
Jamás hubiera esperado semejantes razones
para tan impetuosas circunstancias.
Poseo, si acaso, el reloj de pulso que me obsequió
mi madre para cuando cumplí mis quince
y una que otra imagen de cuando era joven,
entonces podía sonreírle a los días
y entonar canciones de Verdi o Puccini;
para cuando vuelva a suceder
posaré infraganti bajo una nueva circunstancia,
y este cuerpo mío dejará de ser polvo
para convertirse en ardua o quizá perpetua conjetura.
4
A las más altas montañas ascienden mis hermanos,
sólo el asechoso vientre de la América
encuentra en su dominio la acción para pernoctar.
El dragón y la jauría, entre el cielo y la tierra
escarban hasta en los huesos del hombre.
A nosotros, que habíamos rezado,
habíamos rezado y clamado misericordia,
se nos presentó la noche en los hoteluchos de Wetting
y no quisimos más que comer brevas y ajonjolí tostado.
El glorioso hijo del Padre
recuperará ahora su condición de hombre.
5
Mírame.
Aún puedo referirme a la extensión de los días
a través del término de mi canción,
dejar colgadas las notas en los eslabones,
fluir desde el Chopin hasta el más complejo Beethoven
y regresar de un tono hasta Bellini,
porque este asunto mío es asunto también del arte,
y porque después de tantas especulaciones
uno termina por quedarse con la más falsa consideración.
Yo no he deseado esto para mí,
en realidad, nunca he deseado nada para mí,
porque yo sé que sólo después del daño es que llega la cura,
porque la realidad a veces es realidad ingenua,
porque he de morir, ahí,
donde mueren los perros y renacen las ruinas,
carente de la palabra dicha,
carente, incluso, de la no dicha y pronunciada.
6
Ya me lo he explicado.
Ya me lo he explicado demasiado
y no tengo intenciones de volvérmelo a explicar.
Debo luchar, y no debo darme por vencido.
Jeison Villalba.
[MUSICA]http://www.goear.com/listen/b65bc57/memory-instrumental-hits[/MUSICA]
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