Loco
Poeta fiel al portal
Ruge un mar de piedras levitando en un mar rojo,
y desde la orilla me moja las gotas de ácido sonido
del canto de una bandada de tortugas vestidas de gris.
Sé es la señal del augurio inevitable del fin,
y mis estiletes hacen garabatos en la playa
para dejar un recuerdo que se borre con el viento
de tu voz de alguacil de la suave parca.
Dibujo un corazón, trazo un sol,
hundo mis manos en el barro espumoso
y sueño con dormir por siempre desnudo en un lecho,
y la marea me lleva a su resaca de alcohol salado.
Nado entre los cantos rodados que magullan
mis manos y pecho, con profundas culpas de reo,
que curan sólo creyendo en nubes que aúllan
la canción del eco de los muertos profanados amados.
Cierro los ojos y los garfios en mi columna
Se esparcen cómo hojas en otoño, locos, sin rumbo,
vistiendo mi carrera hacia la salvación de mi abrupta
vida de fracaso aderezados con vinagre y humo.
Soy un harapo flotando en grava,
que nada en la arena, soy un garabato
que deja sin cesar arrastrando sus huellas,
mientras cangrejos sicarios, muerden cada paso
mis sueños de color verde que en un carrusel vuelan.
Sale un sol de gelatina, se derrite sobre mi cabeza,
me fundo en el viento, soy átomos que se escapan
de la luz que nace allá en la lejana firmeza,
de los hombres que pueden saber a que suenan sus quejas.
Y antes de ser nada, antes de perderme en el agua,
antes de retornar al útero de las mareas vivas,
mis dedos pintores de sangre y acuarelas,
trazan un último esbozo de obra postrera.
Una estrella y dentro de ella, unas palabras que todo llena:
“Fui, soy y seré… Alma que vuela.”
Para R.R
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