Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Objetiveando
Siendo objetivo nada fuiste en mi vida,
todo tú eras el reflejo de la luz en mí mirada;
como una foto que para unos es muy buena,
regular o en ocasiones simplemente nada,
como una manzana original
en la recamara de Martha Chapa o
el pecado original atorado en el cogote
de un original tipo inocente.
No eras tú con tus excesos ni el Señor
que en un exceso quiso que mis manos en tu espalda
dibujaran alas para confundirte en mi mirada
cual si fueras el custodio de una virgen en alguna estampa,
no eran tus caderas que al cambiar de acera
alienaban mi hormonal y tiritante instinto de perro callejero celo.
Siendo objetivos mi objetividad estaba enredada
con los sentimientos; qué si mira que belleza,
qué si eras diferente, cuánta honestidad en dos palabras,
nunca habrá distancias, no te irás, punto y aparte.
Nada fuiste en mi vida, ni mi andar de piernas fuertes,
ni el príncipe de mi plebeya vida,
ni siquiera el interior del celofán caramelito,
vamos, ni el vivir la media muerte ni el morir la media vida.
Pero a quién le quiero ver la cara con ésta sarta
de calumnias disfrazadas de verdades, si aquí escribiendo
en esta media tarde, objetivamente estoy carameleando la nostalgia,
viéndole la cara a solas a la luna y
sufriendo el desperdicio de no tenerte a mi lado,
vaya caramelo, vaya mala broma.
Gayo. 14.11.10 en una tarde mirando el sacrificio que la noche le hace al caballero Sol para que brille, sólo por unas horas en el firmamento, la alunada señorita Luna y, comprendiendo por fin, que lo importante no es mear, sino hacer espuma.
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Siendo objetivo nada fuiste en mi vida,
todo tú eras el reflejo de la luz en mí mirada;
como una foto que para unos es muy buena,
regular o en ocasiones simplemente nada,
como una manzana original
en la recamara de Martha Chapa o
el pecado original atorado en el cogote
de un original tipo inocente.
No eras tú con tus excesos ni el Señor
que en un exceso quiso que mis manos en tu espalda
dibujaran alas para confundirte en mi mirada
cual si fueras el custodio de una virgen en alguna estampa,
no eran tus caderas que al cambiar de acera
alienaban mi hormonal y tiritante instinto de perro callejero celo.
Siendo objetivos mi objetividad estaba enredada
con los sentimientos; qué si mira que belleza,
qué si eras diferente, cuánta honestidad en dos palabras,
nunca habrá distancias, no te irás, punto y aparte.
Nada fuiste en mi vida, ni mi andar de piernas fuertes,
ni el príncipe de mi plebeya vida,
ni siquiera el interior del celofán caramelito,
vamos, ni el vivir la media muerte ni el morir la media vida.
Pero a quién le quiero ver la cara con ésta sarta
de calumnias disfrazadas de verdades, si aquí escribiendo
en esta media tarde, objetivamente estoy carameleando la nostalgia,
viéndole la cara a solas a la luna y
sufriendo el desperdicio de no tenerte a mi lado,
vaya caramelo, vaya mala broma.
Gayo. 14.11.10 en una tarde mirando el sacrificio que la noche le hace al caballero Sol para que brille, sólo por unas horas en el firmamento, la alunada señorita Luna y, comprendiendo por fin, que lo importante no es mear, sino hacer espuma.
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