Desde el cielo caes como una impronta virgen
tan inmaculada como indómita giras en un vuelo razante
agresivo, suave, cuidadoso y temerario,
recorres en ese vuelo cada parte de mi cuerpo,
sin sentirte encadenada lo besas desde un extremo al otro,
sirviendo en mi piel todo aquello a lo que llamas amor,
tu pelo enfurece y se enciende en llamas
calentando mi dolor sometido al asesino frío del invierno,
la pesadilla se desvanece transformándose en sueño,
cayendo con liviandad en un lecho de flores silvestres,
en donde tu cuerpo se ofrece al mío en una comunión de almas,
obligando a la muerte a transformarse en vida eterna,
nuestros brazos se entremezclan formando una madeja de dedos y manos,
el aliento podría derretir al mismo invierno y las voces podrían callar al mismo dios,
y el amor se muestra en en una danza ciega
en donde el fin es cuando las dos almas devienen en una y el sudor baña a los cuerpos,
luego las llamas abandonan tu pelo y cae desparramado en nuestro lecho cubriéndonos,
apoyas tu rostro sobre mi pecho agitado y con tus manos secas el sudor de mi frente,
y yo con mis dedos acaricio suavemente tu serico vientre,
y mientras tanto allí afuera la noche se despliega como si nada hubiera pasado en esta tierra.
tan inmaculada como indómita giras en un vuelo razante
agresivo, suave, cuidadoso y temerario,
recorres en ese vuelo cada parte de mi cuerpo,
sin sentirte encadenada lo besas desde un extremo al otro,
sirviendo en mi piel todo aquello a lo que llamas amor,
tu pelo enfurece y se enciende en llamas
calentando mi dolor sometido al asesino frío del invierno,
la pesadilla se desvanece transformándose en sueño,
cayendo con liviandad en un lecho de flores silvestres,
en donde tu cuerpo se ofrece al mío en una comunión de almas,
obligando a la muerte a transformarse en vida eterna,
nuestros brazos se entremezclan formando una madeja de dedos y manos,
el aliento podría derretir al mismo invierno y las voces podrían callar al mismo dios,
y el amor se muestra en en una danza ciega
en donde el fin es cuando las dos almas devienen en una y el sudor baña a los cuerpos,
luego las llamas abandonan tu pelo y cae desparramado en nuestro lecho cubriéndonos,
apoyas tu rostro sobre mi pecho agitado y con tus manos secas el sudor de mi frente,
y yo con mis dedos acaricio suavemente tu serico vientre,
y mientras tanto allí afuera la noche se despliega como si nada hubiera pasado en esta tierra.