Sommbras
Poeta adicto al portal
.
.
Que la playa esta noche no tenga mucha luz. Ni mucha gente. Una poquita de luz basta. Estas nubes desafían mis cervicales. Este mar con reflejos de reflejos de otro mar. El beso no es el amor, sino un modo de saber porqué el amor es necesario. En la ensoñación y en la sugestión, con esta poca luz, tendré la visión de que ella vuelve.
Esta noche,
no apretara su cálida mano mi mano vacía,
así es el silencio.
Repica la noche ausencia,
nieve silenciosa es lo frígido de la distancia,
alecciono a mis hermanas estrellas
están proyectando harapos de luz
y ahí, la luna maga,
para que descifremos sus blancas campanadas.
Es vaporosa la felicidad que llega fácil,
nuestro beso apenas arroja su tenue luz estelar.
Ese beso simple,
es más difícil que el beso que no existe.
Tú me enseñaste
que por dentro
somos sucios y hermosos.
¿Sabes que quiero yo cuando te quiero?
Quiero oscurecimiento, vislumbre, lavado, metamorfosis.
Quiero besos que nunca escucharás, los que nunca dirás.
Quiero el beso inaudito.
Pretendo las palabras que se han ido.
Quiero lo gigantesco, o sentirme del revés.
El beso milagroso que llene este papel de poesía.
Y mientras nadaba hacía el amor que casa los labios, escuché unas risas que caminaban con soltura por la playa. También los granos de arena tienen que enamorarse. Pero yo le diría a ella, que también "nosotros" (un poquito de luz y paraíso) (el beso que divagó por nuestro labios) (burbujas de sangre mirando el mar) machacamos el tiempo real cuando caminábamos por la arena. Ahora seguían vacías las órbitas de las palmeras, las pestañas doradas de los faroles, las esquinas de las casas lunares, y curioso, el mar se había subido hacia el cielo, y allí, casi tumbada de espaldas, nadaba una luna jovencísima y sobre ella una sombra gris hogareña: el reflejo redondo de su ausencia. Dejé de escribir porque ya estoy isla y he tragado mucha sal; camino enérgico porque manos y pies también son genitales.
Que se escuche bien esta ola que choca con la piedra.
Lo que habita la sinrazón del canto.
La fiesta de sílabas y pausas.
Los verbos aprendidos a caballo con ella.
Las manchas dibujando nubes, la rotación de los planetas.
La fina luz que viaja en el color del viento.
El hilo de las cosas que aún esperan.
A la orilla de todo, olas simulando entrega.
Óxido y gotas de sospecha.
Muñecas de trapo y risitas ahogadas.
Todos estos redobles en la bodega del tímpano es el silencio.
Tengo los pies pringado de algas, me voy hacia casa. Abriré puertas y ventanas por si el vuelo rasante de sus pestañas llegara. Es tanta la tristeza que debo escribirla; poner sellos de urgencia e introducir limpio y con mucho cuidado el corazón, con mucho cuidado, sí, que el amor es eso que casi siempre sin tocar se mancha.
Chus
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Que la playa esta noche no tenga mucha luz. Ni mucha gente. Una poquita de luz basta. Estas nubes desafían mis cervicales. Este mar con reflejos de reflejos de otro mar. El beso no es el amor, sino un modo de saber porqué el amor es necesario. En la ensoñación y en la sugestión, con esta poca luz, tendré la visión de que ella vuelve.
Esta noche,
no apretara su cálida mano mi mano vacía,
así es el silencio.
Repica la noche ausencia,
nieve silenciosa es lo frígido de la distancia,
alecciono a mis hermanas estrellas
están proyectando harapos de luz
y ahí, la luna maga,
para que descifremos sus blancas campanadas.
Es vaporosa la felicidad que llega fácil,
nuestro beso apenas arroja su tenue luz estelar.
Ese beso simple,
es más difícil que el beso que no existe.
Tú me enseñaste
que por dentro
somos sucios y hermosos.
¿Sabes que quiero yo cuando te quiero?
Quiero oscurecimiento, vislumbre, lavado, metamorfosis.
Quiero besos que nunca escucharás, los que nunca dirás.
Quiero el beso inaudito.
Pretendo las palabras que se han ido.
Quiero lo gigantesco, o sentirme del revés.
El beso milagroso que llene este papel de poesía.
Y mientras nadaba hacía el amor que casa los labios, escuché unas risas que caminaban con soltura por la playa. También los granos de arena tienen que enamorarse. Pero yo le diría a ella, que también "nosotros" (un poquito de luz y paraíso) (el beso que divagó por nuestro labios) (burbujas de sangre mirando el mar) machacamos el tiempo real cuando caminábamos por la arena. Ahora seguían vacías las órbitas de las palmeras, las pestañas doradas de los faroles, las esquinas de las casas lunares, y curioso, el mar se había subido hacia el cielo, y allí, casi tumbada de espaldas, nadaba una luna jovencísima y sobre ella una sombra gris hogareña: el reflejo redondo de su ausencia. Dejé de escribir porque ya estoy isla y he tragado mucha sal; camino enérgico porque manos y pies también son genitales.
Que se escuche bien esta ola que choca con la piedra.
Lo que habita la sinrazón del canto.
La fiesta de sílabas y pausas.
Los verbos aprendidos a caballo con ella.
Las manchas dibujando nubes, la rotación de los planetas.
La fina luz que viaja en el color del viento.
El hilo de las cosas que aún esperan.
A la orilla de todo, olas simulando entrega.
Óxido y gotas de sospecha.
Muñecas de trapo y risitas ahogadas.
Todos estos redobles en la bodega del tímpano es el silencio.
Tengo los pies pringado de algas, me voy hacia casa. Abriré puertas y ventanas por si el vuelo rasante de sus pestañas llegara. Es tanta la tristeza que debo escribirla; poner sellos de urgencia e introducir limpio y con mucho cuidado el corazón, con mucho cuidado, sí, que el amor es eso que casi siempre sin tocar se mancha.
Chus
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