Nikita Kunzita
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ella, la de piel de gitana
y ojos de azabache,
capaz de devorar tus pensamientos
cada noche hasta consumirte,
hasta que te desbordes en versos.
Ella, que aparece y desaparece,
escondiéndose de ti, sin alejarse,
para llenarte de deseos,
para confundirte con fútiles fantasías.
Ella, de quien alguna madrugada,
probaste salados sudores
y te embriagaste con el néctar de sus besos,
la que te domina con aquel recuerdo
del movimiento de sus caderas sobre ti,
recuerdo que anhelas que se vuelva a repetir,
él mismo que constantemente sueñas
y te hace despertar mojado.
Sí, ella, a quien deseas tanto,
aquélla, que es tu dueña,
sin ella imaginárselo,
la que vive enredada en tu mente,
aquélla, la que contigo juega
y que por disfrutar de su cuerpo,
tú, te dejas llevar.
Ella, aquélla, por mala suerte, no soy yo.
y ojos de azabache,
capaz de devorar tus pensamientos
cada noche hasta consumirte,
hasta que te desbordes en versos.
Ella, que aparece y desaparece,
escondiéndose de ti, sin alejarse,
para llenarte de deseos,
para confundirte con fútiles fantasías.
Ella, de quien alguna madrugada,
probaste salados sudores
y te embriagaste con el néctar de sus besos,
la que te domina con aquel recuerdo
del movimiento de sus caderas sobre ti,
recuerdo que anhelas que se vuelva a repetir,
él mismo que constantemente sueñas
y te hace despertar mojado.
Sí, ella, a quien deseas tanto,
aquélla, que es tu dueña,
sin ella imaginárselo,
la que vive enredada en tu mente,
aquélla, la que contigo juega
y que por disfrutar de su cuerpo,
tú, te dejas llevar.
Ella, aquélla, por mala suerte, no soy yo.