emir_33
Poeta recién llegado
En la ternura de una noche,
la sirena dejo caer en la fuente,
una sonrisa celeste del cielo.
El dragón en su vuelo buscaba
una mueca del destino,
la que se ofrece en copas,
de estrellas embriagadoras.
Ella detuvo el color incipiente,
de su mirada espejada
y la sostuvo,
en la cornisa de un pétalo rojo.
El dragón retuvo una bocanada,
dejando sin aliento
a las fragancias del silencio.
¿En que sentido giran las estrellas,
cuando la noche
se reduce a una ciruela?
¿En que mano las cartas,
dejarán la ironía
de girar circularmente?
La sirena emergió de un mar pasional
dejando en su estela,
los destinos tatuados de su silueta
El dragón dibujó en las nubes,
una caricia envuelta
que se hamacaba en dos palabras abiertas.
Agua y viento se hicieron piel,
sudaron las gotas de un eclipse
y en un ritual pasional
dejaron de soñar en vano.
Ella despojó toda pena
con la solapa de su calma,
dejando entrever,
el reflejo del mar en sus labios.
Él descubrió la tonalidad,
que en sus letras le faltaba pintar
y con sus alas abiertas,
se entrego al vuelo danzante de la sirena.
De la luna una sonrisa primaveral
oficio el canto de los amantes
y en el juego de las figuras
la suerte fue colapsada
por la partitura que ofrecen
la fragancia de las miradas desnudas.
la sirena dejo caer en la fuente,
una sonrisa celeste del cielo.
El dragón en su vuelo buscaba
una mueca del destino,
la que se ofrece en copas,
de estrellas embriagadoras.
Ella detuvo el color incipiente,
de su mirada espejada
y la sostuvo,
en la cornisa de un pétalo rojo.
El dragón retuvo una bocanada,
dejando sin aliento
a las fragancias del silencio.
¿En que sentido giran las estrellas,
cuando la noche
se reduce a una ciruela?
¿En que mano las cartas,
dejarán la ironía
de girar circularmente?
La sirena emergió de un mar pasional
dejando en su estela,
los destinos tatuados de su silueta
El dragón dibujó en las nubes,
una caricia envuelta
que se hamacaba en dos palabras abiertas.
Agua y viento se hicieron piel,
sudaron las gotas de un eclipse
y en un ritual pasional
dejaron de soñar en vano.
Ella despojó toda pena
con la solapa de su calma,
dejando entrever,
el reflejo del mar en sus labios.
Él descubrió la tonalidad,
que en sus letras le faltaba pintar
y con sus alas abiertas,
se entrego al vuelo danzante de la sirena.
De la luna una sonrisa primaveral
oficio el canto de los amantes
y en el juego de las figuras
la suerte fue colapsada
por la partitura que ofrecen
la fragancia de las miradas desnudas.