Rigel Amenofis
Poeta que considera el portal su segunda casa
¿Por qué te amo tanto? (Sol de mañana Rigel Amenofis )
En el cristal de almendra de tus ojos
se dibujó señal de media luna,
que cuestionó a la noche por qué te quiero tanto
con mi amor de suspiros, con ternura de cuna.
El brillo de tu anhelo, sol de abril,
me reflejó calor de primavera
que pregunto a las rosas por qué te quiero tanto
con mi amor de dulzura, al albor de tu vera.
Amada mía, luz de bello sueño,
el fulgor que has captado es un reflejo
de la felicidad que me dan tus caricias
y tus besos de fuego. Mi psique es un espejo
donde contemplas tu inherente encanto
que brotó un tibio ocaso solsticial,
cuando miré el dintel de tu grácil espíritu
abrirse en el augurio de promesa vital
Amado mío, de mis sueños príncipe
el influjo de luna en mi mirar
revela la emoción que aviva tu presencia;
tu cariño, la dulce ternura que al brillar
como capullo entre la rosaleda,
florece placentera entre mis manos.
dispersando por medio de suspiros su esencia,
posando luz en este mi corazón ufano.
II
Yo también pregunté a la noche arúspice
y estrellada por qué te quiero tanto,
la singular respuesta fue extender su belleza,
como abriendo la tapa de un hermoso alhajero,
mostrándome la música celeste
que me hablaba de seres de ilusión..,
entendí que eres hada y ángel cuyo designio
excelso es perfumar siempre mi corazón.
Soy el hada redimida por tus sueños
aquella bella noche que cantaba,
al momento de imbuirme de tus celestes ojos,
por qué te quiero tanto al cielo preguntaba;
sita tras el vaivén de tus pestañas,
igual que mariposas asustadas,
la respuesta: eres tú el ángel del amor,
cruzaste mi corazón con voces recamadas.
¡Oh, amada mía! Este bello coloquio,
son nuestras almas, más que nuestras bocas,
quienes le han aportado tono de poesía.
Con tu amor de zafiro muchas cosas provocas...
Cerremos nuestro diálogo con besos,
como aquel primer ósculo alienista
que detonó violines, volcanes, vuelos, luces...,
y transformó ceniza en violeta amatista.
¡Oh amado mío, colofón de azúcar:
en mis labios tu boca, sin palabras;
pero que nuestras almas sigan su tierna plática,
con tu afecto de orfebre siempre mi vida labras.
Ese beso recuerdo amado mío,
lozano me entregaste tu cariño,
y bendigo a la noche porque tanto me amas,
con tu amor de suspiros, con ternura de niño.
Sol de mañana
Rigel Amenofis
Junio-Diciembre 2010
Copyright [FONT=DejaVu Sans, sans-serif]© Derechos reservados [FONT=DejaVu Sans, sans-serif]®
En el cristal de almendra de tus ojos
se dibujó señal de media luna,
que cuestionó a la noche por qué te quiero tanto
con mi amor de suspiros, con ternura de cuna.
El brillo de tu anhelo, sol de abril,
me reflejó calor de primavera
que pregunto a las rosas por qué te quiero tanto
con mi amor de dulzura, al albor de tu vera.
Amada mía, luz de bello sueño,
el fulgor que has captado es un reflejo
de la felicidad que me dan tus caricias
y tus besos de fuego. Mi psique es un espejo
donde contemplas tu inherente encanto
que brotó un tibio ocaso solsticial,
cuando miré el dintel de tu grácil espíritu
abrirse en el augurio de promesa vital
Amado mío, de mis sueños príncipe
el influjo de luna en mi mirar
revela la emoción que aviva tu presencia;
tu cariño, la dulce ternura que al brillar
como capullo entre la rosaleda,
florece placentera entre mis manos.
dispersando por medio de suspiros su esencia,
posando luz en este mi corazón ufano.
II
Yo también pregunté a la noche arúspice
y estrellada por qué te quiero tanto,
la singular respuesta fue extender su belleza,
como abriendo la tapa de un hermoso alhajero,
mostrándome la música celeste
que me hablaba de seres de ilusión..,
entendí que eres hada y ángel cuyo designio
excelso es perfumar siempre mi corazón.
Soy el hada redimida por tus sueños
aquella bella noche que cantaba,
al momento de imbuirme de tus celestes ojos,
por qué te quiero tanto al cielo preguntaba;
sita tras el vaivén de tus pestañas,
igual que mariposas asustadas,
la respuesta: eres tú el ángel del amor,
cruzaste mi corazón con voces recamadas.
¡Oh, amada mía! Este bello coloquio,
son nuestras almas, más que nuestras bocas,
quienes le han aportado tono de poesía.
Con tu amor de zafiro muchas cosas provocas...
Cerremos nuestro diálogo con besos,
como aquel primer ósculo alienista
que detonó violines, volcanes, vuelos, luces...,
y transformó ceniza en violeta amatista.
¡Oh amado mío, colofón de azúcar:
en mis labios tu boca, sin palabras;
pero que nuestras almas sigan su tierna plática,
con tu afecto de orfebre siempre mi vida labras.
Ese beso recuerdo amado mío,
lozano me entregaste tu cariño,
y bendigo a la noche porque tanto me amas,
con tu amor de suspiros, con ternura de niño.
Sol de mañana
Rigel Amenofis
Junio-Diciembre 2010
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